El amor en los tiempos de La Gaviota / Jairo Calixto Albarrán

El amor es una cosa esplendorosa. Por eso el Dorian Gel Peñanieto, en medio de la guerra de los clones en el Edomex, justo cuando Eruviel practica el viejo deporte del melodrama ranchero, Bravo Mena se sienta a esperar a ver qué le contestan, Los Chuchos arman alianzas en cuaresma y Encinas quiere unir a la izquierda en torno a su figura —ahora que anda como Santo Claus en primavera—, quiso poner al romance por encima de cualquier aspiración política.

Pero los resentidos sociales, los perjuros, los bígamos y los grinchs del México de mis narcorrecuerdos, lo impidieron.

Con el apoyo de presidente municipal de Ciudad Neza —Édgar Navarro Sánchez, del PRI—, que casi ni se quiso poner de tapete (tanto que el cándido Ávila debió estar celoso, él que pronuncia el nombre del profeta copetudo a la menor provocación, antes o después de gritar con todo de Libertad Lamarque “¡Déjenos decidir a los mexiquenses!”), se inauguró un parque con el nombre de Angélica Rivera de Peña. Un acto que sólo puede explicarse a través de la sensibilidad de estadista mexiquense que ha decidido pedir un aplauso para el amor, que a él ha llegado.

Otros, como el señorito Lujambio, más del tipo romántico suicida diría Emmanuel, se habría limitado a entregar en nombre del amor una frase para la posteridad del tipo: “La pobreza no es razón para incorporarse al crimen organizado; es una decisión moral”. Y tiene razón, la mayoría de aquellos que caen en las garras del crimen no es que hayan sido orillados por el hambre y la falta de vocho y changarro, sino porque son malos por naturaleza, hijitos de la chingada de nacimiento, cuyos padres no les leyeron libros de autoayuda como la maestra Gordillo hace con su nietecito.

Y en los asuntos del tipo soldado del amor, Moreira, luego de acatar el llamado beltroniano a serenarse, le habría dedicado a su amada la subida de nivel al debate con Molinar Horcasitas, dejándolo de llamar Pancho López y convertirlo en el Héroe de la ABC.

Pero con tristeza hay que decir que el ayuntamiento de Neza tuvo que recular. Los amargados y los sospechosistas no dejaron que ese parque llevara el nombre de La Gaviotica; y El Romeo de Atlacomulco ha tenido que conformarse con quizá, simplemente, regalarle una rosa (o su Prozac) a su Julieta toluqueña.

Seguro es que, ante la tristeza de su amada, que con justa razón se debe sentir afrentada, el Gelboy sin duda salió al quite. A ritmo telenovelesco le tuvo que haber dicho: “Angélica, ni sufras ni te acongojes, que tu nombre merece algo más grande como el Zoológico de Chapultepec, las Barrancas del Cobre o el Bolsón de Mapimí.

“Te lo firmo y te lo cumplo.”

jairo.calixto@milenio.com

Publicado en el periódico Milenio

Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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