Daniel Mordzinski / Elmer Mendoza

Contaba nueve años y era finalista en un concurso de fotografía en su escuela primaria. Una tarde de esas que se tornan memoria. Esperaba seguro el fallo. El premio era una cámara polaroid que superaba la que su padre le había obsequiado el año anterior. Había calidez en el ambiente. Niños y adultos se movían inquietos, algo nerviosos; menos Mordzinski que ya se sentía ganador. Por eso el agua fría. Esa sensación de perder cuando el maestro de ceremonias nombró a otro niño, a un niño sonriente que no cabía en su pulóver regocijante, mientras Daniel resistía la bofetada, decidía ser fotógrafo y comprendía que nada sería fácil.

Daniel Mordzinski, nacido en Buenos Aires, Argentina en 1960. Es el mejor fotógrafo de escritores. Es un perseguidor, un creador de momentos, de obsesiones, de uniones y rostros inesperados. El gris es su principal aliado, pero el color no le hace el feo. Persigue instantes que flotan, los busca, los provoca, los caza y los deja quietos, fijos, cerca de una ventana o de una pequeña lámpara de 200 watts en una plaza de toros.

Los escritores del mundo se dividen en dos: los que han sido retratados por Mordzinski y los que van al cielo. Un día, iba yo tranquilo directo al paraíso cuando un tipo con cara de empleado del hotel Abion de Berlín se me plantó enfrente. A ti te buscaba, expresó con aire de malevo. Órale. En vez de ver una cámara vi una faca. Así andaba yo esa mañana. Nos hallábamos a unos pasos del famoso barrio La Perla en San Juan, Puerto Rico. Le mostré una 07, cacha roja, obsequio de Carlos Pérez, el líder de Calle 13; recordé un cuento de Jairo Aníbal Niño donde un anciano se deja encontrar por un enemigo que lo había perseguido por 53 años y 16 días, y me preparé.

Cinco minutos después cambiaba de grupo. La primera experiencia fue con Mario Mendoza, Paco Ignacio Taibo II, Leonardo Padura. A partir de ese día, he observado su trabajo y a numerosos escritores que admiro: García Márquez, Vargas Llosa, Onetti, Almudena Grandes, Juan Villoro, Jorge Volpi, Mónica Lavín, Ignacio Padilla, Luis García Montero, Xavier Velasco, Gonzalo Rojas, Octavio Paz, Álvaro Enrigue, Mayra Santos-Febres, Cristina Rivera Garza, Mayra Montero, Sergio Ramírez, Wendy Guerra, Javier Cercas, Laura Restrepo, Antonio Skármeta, Roberto Bolaño, Andrés Newman, Santiago Roncagliolo, Santiago Gamboa, José Ovejero y 84 más.

Una de sus fotos más conocidas es la de García Márquez, sentado en su cama en Cartagena, frente a una ventana luminosa, donde el hombre es una fuente de donde brotan las historias que lo hicieron famoso. Flota El amor, el cólera, la espera, un río, una peluquería y un hombre con las tripas al aire. Flota un país verde y mágico suspendido de las alas de una nube de mariposas amarillas. Al lado, una fotografía no menos conocida donde fija un trío de bandidos que robaban trenes a principios del siglo XX en el norte de México, y que inspiraron numerosos corridos como ese que dice: “Frank Goldman dice a Solares, no te pongas amarillo, vamos a robar el tren que viene de Bermejillo”. Se puede ver su armamento.

Cada foto es una historia. Las individuales y las de grupo. Algunas son un desgarramiento. Observo que el éxito personal de mis maestros poco tiene que ver con esas figuras encorvadas que Mordzinski nos muestra sin aviso. Sus libros son un mensaje múltiple que igual se vale de una sonrisa o de un gesto de guerrero en pleno combate con la muerte. Click. Las grupales son divertidas. Llegan los escritores en algarada, se apoderan del espacio, siguen las instrucciones estrictas del fotógrafo y al final siempre gana Alemania.

Daniel Mordzinski busca la mejor imagen. He visto la foto de un escritor horrible cuyo nombre tuve que secretear a varias señoras que pretendían quedarse con la copia. Observé a varias colegas detenidas ante el desnudo de Wendy Guerra; luego buscaron espejos de cuerpo entero; enseguida me exigieron les revelara el paradero de Daniel, que en ese momento volaba a Estocolmo a la entrega del Nóbel. Cuatro tomaron taxi: al aeropuerto, señor, le agradecería que tomara un atajo.

Daniel es un artista. Sus modelos buscan su cercanía, le regalan lociones para el tiempo y le recomiendan a su peluquero. Quise mandarlo con mi médico pero estaba sano. Sus libros de fotos están en las secciones de arte, y son tantos que se puede sostener una mesa normal donde los recuerdos se confunden con los anhelos. Click. Al centro, una cámara polaroid inexistente se transforma cotidianamente para que Daniel Mordzinski siga fotografiando a medio mundo, menos al niño, que con el paso de los años, se perdió con todo y su premio.

Texto publicado en el periódico El Universal

Anuncios

Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
Esta entrada fue publicada en Argentina, Cultura, México, Medios y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s