Discurso de Carlos Salinas en el 20 aniversario del IFE

Se recomienda leer entre líneas. (La orejona R)

Agradezco al IFE, en particular a su presidente, la invitación para participar en esta celebración de una institución, que ya lo es, fundamental para el desarrollo del país.

Y quiero dejar mi testimonio también de reconocimiento a la Facultad de Ingeniería, a nuestra Universidad Nacional Autónoma de México, por ser la anfitriona en este lugar incomparable del Palacio de Minería.

Se hablaba del desafío en cuanto a la democracia; para poder comprenderlo es importante el contexto en el que se actúa.

Y la celebración del IFE de sus primeros 20 años de vida nos pide también cierta contextualización de dónde surgió y por qué.

Empecemos por recordar y reafirmar que no hay democracia sin instituciones.

El IFE es ya una gran institución, su credibilidad se ha consolidado y en las diversas encuestas de opinión en nuestro país figura con los mayores niveles de reconocimiento.

Todos los que participamos en su construcción sin duda estamos orgullosos del Instituto Federal Electoral y alentados por su perspectiva.

Conviene recordar que la creación del IFE fue la respuesta a la elección en México de 1988. Fue esa la elección más competida del ciclo de partido prácticamente único en nuestro país.

Y la falta de aceptación del resultado de esa elección, por una parte muy respetable del electorado, se combinó, hay que recordarlo, con un malestar social derivado de la crisis financiera de finales del 87, una abrupta devaluación entonces, aumentos desmedidos de los precios de bienes públicos.

Y quien hubiera analizado con cuidado las encuestas que se publicaron previas a la elección, hubieran anticipado el resultado tan disputado que finalmente se registró. Yo reconocí entonces el fin del partido prácticamente único.

Y frente a este contexto diferente, en 1988 el andamiaje institucional no estaba preparado, el órgano electoral entonces estaba controlado por el gobierno y su partido, por lo que la autoridad electoral no podía construir consensos, no existía un tribunal electoral y no se pudieron dar resultados el mismo día de la elección.

El IFE y el tribunal electoral fueron la repuesta a la elección de 1998 y de la disputa por el resultado se pasó al diálogo con las distintas fuerzas políticas, tanto del PRI, como del PAN y del PRD, así como con otros partidos.

Ello llevó a la creación del IFE en 1990, así como del Tribunal Electoral y del Registro Nacional de Electores; fue un paso más en la construcción de instituciones para la vida democrática del país.

José Woldenberg escribió después sobre este evento, junto con otros autores y cito: “Después de la elección federal de 88 el cambio político iría en expansión”. Escribió Woldenberg, una nueva reforma electoral, una verdadera reforma fundadora de gran transcendencia tendría lugar dos años más tarde, en 1990.

Y afirmó Woldenberg: “La creación del IFE fue una obra institucional fundadora, representó un avance indiscutible hacia la consolidación de la limpieza y transparencia electoral en el país; a partir de 89 la reforma electoral ocupó un lugar central y se fundó un verdadero sistema de justicia electoral”.

Concluye Woldenberg: “Por primera vez el país se tomaba en serio la construcción democrática”. Fin de la cita.

Podríamos parafrasear y decir que además de Perestroika parece que hubo Glásnots.

Fue un paso más en la construcción democrática de México, siguió a varias décadas reformadoras como las que dieron el voto a la mujer, la que federalizó los procesos electorales, introdujo los diputados de partido y la gran reforma de los años 70, cada una trascendente.

Esto podría probar que no fue el mismo PRI el que gobernó durante 70 años, estereotipo con poca base en la realidad pero muy cómodo para el análisis perezoso o el comentario con agenda.

La creación del IFE no fue fácil, existían resistencias al interior del aparato, teníamos nuestra nomenclatura y también desconfianza en los actores participando fuera.

Pero debemos reconocer a mexicanos talentosos y comprometidos con la democracia; dentro del PRI, José Luis Lamadrid y otros que siguen activos; en el PAN, Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos, quien deseo que pronto pueda reunirse con su familia y sus amigos y regrese al debate político en el que tanta falta hace, y desde el PRD, mediante los diálogos con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y otros miembros distinguidos de su partido.

En 1994 se ciudadanizó el IFE mediante el diálogo que permitió esa reforma y quitó definitivamente al gobierno el control de las elecciones.

Es hasta ahora la única reforma de esa dimensión que ha logrado el voto de los tres grandes partidos.

La del 94 —ya me pasaron mi tarjeta de tiempo pero todavía me resta— la del 94 con un IFE ciudadanizado fue la primera elección en proporcionar resultados el mismo día de la jornada, abrir el debate en televisión entre candidatos, un amplio acceso a medios a las distintas opciones, financiamiento a los partidos, padrón electoral confiable, observadores nacionales e internacionales, además credencial con foto para votar y el tribunal para dirimir las diferencias.

Setenta y siete por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón —un récord todavía no superado— participaron en la jornada electoral y esa noche los mexicanos supieron quién había ganado la elección presidencial.

En la elección de 94 ya los ciudadanos controlaron el IFE, ellos eran mayoría y nadie estaba por encima de los consejeros ciudadanos.

No es imaginable pensar que alguien pudiera controlar a José Woldenberg, Santiago Creel, Miguel Ángel Granados Chapa, José Agustín Ortiz, Ricardo Pozas y Fernando Zertuche, los seis ciudadanos que hacían mayoría en el IFE en 94.

La reforma de 1996 formalizó esta ciudadanización del IFE.

Hoy la democracia requiere consolidar el IFE pero también participación ciudadana.

La elección de 94 no tuvo disputas poselectorales, demostró que la democratización se prueba con resultados confiables, oportunos y transparentes.

No era necesario que el PRI perdiera para mostrar el avance en la democracia. Ese año ganó.

Sin duda también la alternancia prueba el avance democrático, aunque en Baja California, Jalisco, Guanajuato y la Ciudad de México hace muchos años que no hay alternancia.

La alternancia llegó para quedarse, pero si la alternancia es la prueba de la democracia más que sus instituciones, bienvenida la alternancia para el 2012, aunque esa elección todavía está muy lejos. Hay mucho trabajo por hacer y enormes retos que exigen atención diaria para satisfacer la exigencia ciudadana.

Un proceso electoral confiable es indispensable para la democracia pero no es suficiente. La democracia requiere la participación ciudadana activa y organizada, tanto en la elección como en la tarea de gobierno, para que realmente sirva a los que más lo necesitan: los olvidados. Tiene que ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo una democracia republicana.

En sus siguientes y próximos 20 años esperamos que el IFE se siga fortaleciendo, y también el tribunal.

Los contendientes necesitan aceptar estos resultados institucionales, todavía siguen las disputas que no se basan en hechos objetivos sino en percepciones de los contendientes coloreadas por sus preferencias.

El acuerdo político hizo posible la fundación del IFE hace 20 años. Hacia adelante, el acuerdo político también será la base del fortalecimiento institucional y su reconstrucción.

Todos —partidos, candidatos, ciudadanos, autoridades— tienen que contribuir a la fortaleza institucional del IFE. Así, el Instituto Federal Electoral continuará siendo garantía para que el país se mantenga por la senda del avance democrático y republicano.

Felicidades por sus primeros 20 años.

Publicado en el periódico Milenio Diario.

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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