Extrañas coincidencias / Fernando Belaunzarán

Tiempos confusos de alineamientos insospechados. Mucho más extraño que las alianzas entre la izquierda y la derecha que ya se había llevado a cabo en el pasado sin aspavientos mayores y que son una práctica común en países democráticos es la coincidencia de grupos y personajes antagónicos en contra de ellas. ¿Alguien habría pensado que políticos tan disímbolos y confrontados como Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador compartirían la misma visión electoral? ¿O que periodistas con concepciones tradicionalemte tan contrapuestas como Pablo Hiriart y Julio Hernández López o Eduardo Ruiz Healy y Jaime Avilés o el caricaturista de Ovaciones y la mayoría de los moneros de La Jornada tendrían idéntica posición respecto a las alianzas del PRD y el PAN? Para tratar de entender tan insólitas confluencias de opinión debemos tener presente un hecho insoslayable: la diputa por la sucesión presidencial vive en 2010 momentos decisivos.

Por supuesto que aunque todos apelen a la congruencia para oponerse a las alianzas –como si hacerle el favor a los caciques fuera una actitud “congruente”-, eso no quiere decir que necesariamente opinen lo que afirman ni mucho menos que entre ellos persigan los mismos objetivos. Desenmarañar esas diferencias y tratar de vislumbrar intenciones y propósitos detrás del cómodo parapeto, comúnmente demagógico, de “los principios” es lo que me propongo.

La acción política siempre tiene un sustento racional, aunque en ocasiones no lo parezca. Las razones pueden esconderse, maquillarse e incluso negarse por cálculo, por pensar que de esa manera es más fácil lograr ciertos objetivos, sean estos loables y públicos o facciosos y secretos. Por eso, es menester encontrar la racionalidad o, mejor dicho, el cúmulo de racionalidades, explícitas u ocultas, que explican el escenario en cuestión. El interés es la base de la racionalidad, el cual puede ser personal, grupal, gremial, sectorial, clasista, nacional, regional, global, etc., y que debe ser visto, identificado y reconocido a través del tamiz de la ideología de cada actor. En ese sentido, hay que ponerse en los zapatos de los otros y visualizar lo que quieren para poder entenderlos.

Es fácil entender la oposición a las alianzas por parte del PRI aunque suene jocoso su alegato a favor de los principios y más aún cuando se trata de los principios de los otros. La posibilidad de perder entidades que creían seguras hace comprensible su coraje no sólo porque está en riesgo la continuidad de ese partido en el poder estatal sino también porque su eventual derrota complicaría el ansiado regreso a Los Pinos que ya veían seguro. Por ambas razones Enrique Peña Nieto, así como medios y personajes afines (Salinas de Gortari, por ejemplo), se han unido a la cruzada. Claro, como nadie tiene cara para apoyar a caciques como Ulises Ruiz o el gober precioso, prefieren con sensibilidad y tino atacar a las alianzas antes que tratar de defender a los indefendibles.

Sin duda, más complicado es comprender a los detractores del PRD y el PAN que cuestionan las alianzas. No niego que pueda haber algún ingenuo que en un acto de ternura crea de verdad que efectivamente es un asunto de valores y principios, tal y como lo reiteran hasta el cansancio los adalides de la oposición interna. Pero para creérse el cuento se necesita caer en la amnesia y desconocer por completo a los personajes que hoy se desgarran las vestiduras para acreditar su “pureza”.

Tanto Manuel Espino como Vicente Fox empujaron, en su momento, alianzas muy similares a las que hoy cuestionan. Baste recordar al entonces presidente del PAN llamando a votar por el candidato del PRI al gobierno de Chiapas, José Antonio Aguilar Bodegas, en el 2006 sin acuerdo programático alguno o a Vicente Fox llamando al PRD a conformar una alianza electoral contra el candidato oficial en el año 2000.

Lo mismo se puede decir de Andrés Manuel López Obrador, el cual acompañó en un trayecto la marcha de ese gran líder de la derecha potosina que fue el Dr. Salvador Nava, candidato de una alianza amplia que incluía al PRD y al PAN, cuando le robaron la elección. Además, como presidente del PRD, impulsó la coalición con el panismo en Hidalgo alrededor de Miguel Ángel Granados Chapa, la cual se cayó por la intromisión del gobierno de ese estado en el blanquiazul que terminó postulando a un cantante de poca monta artística y menos aún política; dejó muy avanzadas las pláticas con Antonio Echeverría para la coalición en Nayarit de 1999 y comenzó las de Coahuila de ese mismo año. En la segunda mitad del 2004 AMLO fue consultado por Leonel Godoy, entonces presidente del CEN perredista, y avaló la coalición PRD-PAN-Convergencia en Oaxaca con Gabino Cue como candidato no obstante estar inmerso en el proceso de desafuero impulsado por el gobierno federal panista.

Lo que menos hay en la oposición a las alianzas son “principios”. Durante mucho tiempo no pocas voces con razón se alzaron para apelar a los valores democráticos con los que se podrían superar la polarización del 2006, llamando a los acuerdos por el bien del país a pesar de las diferencias. Y ahora que se concretan esos acuerdos, muchas de esas mismas voces los descalifican porque, dicen, hace poco los partidos hoy aliados se sacaban la lengua. Así que, contra lo que se pudiera pensar, la oposición a las alianzas es más pragmática que la defensa de éstas, pues al menos las coaliciones opositoras en los estados están registrando plataformas electorales, programas de gobierno y agendas legislativas compartidas, es decir, están poniendo ideas, propuestas, diagnósticos y metas por delante.

Si no son “los principios” y es evidente que las alianzas perjudican a los cacicazgos del PRI y a la pretensión de ese partido de regresar a gobernar el país, entonces ¿qué es lo que quieren los principales personajes de las disidencias internas del PAN (Fox, Diego, Espino) y del PRD (AMLO) al oponerse a ellas? La única explicación que queda es que quieren medrar con las derrotas de sus partidos aunque eso implique que los cacicazgos estatales sigan reproduciéndose y el PRI con Peña Nieto sigan avanzando hacia Los Pinos. No olvidemos que el próximo año se procesarán las candidaturas presidenciales y que la apuesta perversa de que entre más mal le vaya a los adversarios mejor para uno es muy socorrida por la clase política mexicana y en el caso de AMLO es la que ha determinado su estrategia en el país desde la elección del 2006. Quieren las ruinas de sus organizaciones para erigirse como sus salvadores y definir al candidato. Todo indica que han priorizado vencer a sus adversarios internos pagando el costo de que eso beneficie a los externos. Ya verán después cómo alcanzan a Peña Nieto, si es que pueden. Primero lo primero y eso es, en su lógica, el control de sus partidos.

Acepto que en un primer momento me equivoqué respecto a AMLO. Conociendo su historia y pensamiento, supuse que su oposición a las alianzas era sólo declarativa para salvar su imagen y de esa manera cobrar los beneficios de tener un gobernador cercano, como Gabino Cue, y debilitar al PRI rumbo al 2012; todo ello sin pagar costos. Pero al verlo reiterarla una y otra vez a sabiendas de que sus palabras eran retransmitidas por todos los medios disponibles al alcance de los gobernadores caciquiles priístas que hoy temen la derrota y de que así burlaba incluso lo que denomina “cerco informativo” porque la TV se le abrió para dar cuenta de sus ataques consuetudinarios a las alianzas, comprendí que estaba en campaña, que quería beneficiarse de las derrotas que quiere contribuir a provocar. No deja de ser extraño, porque AMLO se encontró coincidiendo con los que ahora llama “la mafia que me robó la presidencia” -muchos de ellos eran sus amigos siendo jefe de Gobierno, pero esa es otra historia- y que, según el mismo ha denunciado, ahora apoyan a Enrique Peña Nieto.

Al igual que en el 2009, AMLO basa su estrategia de este año en propiciar la derrota de los chuchos, de la misma manera que Espino y Fox buscan que les suceda eso mismo a Calderón y Nava. Mientras que los que se identifican con el PRI o Peña Nieto básicamente atacan las alianzas por lo que pueden perder en los estados y en su ruta que veían segura hacia la presidencia, Obrador y Fox están más preocupados por hacerse del control de sus respectivos partidos y dirigir el procedimiento de selección del candidato presidencial. Tal es la racionalidad de sus dichos y hechos.

De paso…

Paulette. Quien dio a conocer los detalles de la investigación de la muerte de la niña Paulette fue la Procuraduría de Justicia del Estado de México y ahora piden que nadie opine hasta que acaben sus investigaciones. Que me perdonen, pero lo que han hecho del dominio público debe ser analizado y si pensaban que con ello darían un golpe mediático y les salió el tiro por la culata, pues ni modo. Y es que sólo han exhibido su incompetencia por una parte y por la otra la justicia a la carta para personas influyentes y poderosas. Bazbaz y sus empleados hacen malabares para hacer creer que siempre estuvo la niña donde fue encontrada y para ello han dicho disparates de campeonato. Un ejemplo es que se uso la sábana de base de la cama para que los perros la olfatearan y reconocer el olor de Paulette en la búsqueda. Pues nos dicen que consiguieron la sábana sin destender la cama y que las visitas que ahí estuvieron durmieron sin ella, todo con el desmentido de las “nanas” que afirman que la tendieron en varias ocasiones. Y cuando se les pregunta sobre por qué no revisaron el cuarto contestan que por que lo veían como “un templo”, como “un altar”. Esos no son los únicos dislates y estos no se salvan con la barata fuga de dejarle a “la ciencia” la tarea de encontrar las respuestas. Lo evidente es que hay dos medidas contrastantes en el Estado de México, gobernado por el candidato de los poderes fácticos. Atenco con las condenas delirantes e Interlomas con la insultante impunidad. Justicia a la Peña Nieto: arbitariedad para los jodidos, impunidad para los poderosos… El rey de las trampas, Ulises Ruiz, no podrá ganarle en esta ocasión al pueblo oaxaqueño ni con todas sus mañas… El retiro del ejército sin cambio de estrategia para combatir el narcotráfico es rendición, pero mantener las cosas como están sería una trágica estupidez que seguiría ensangrentando al país. Es tiempo de tomar la iniciativa para acordar globalmente la legalización de algunas drogas y atacar más los negocios y recursos financieros que llevar el combate a las calles contra un enemigo que no se le puede ubicar exactamente y que sin embargo está en todas partes. Se debe empezar con la marihuana, retomando la experiencia de los 14 estados norteamericanos que han regulado la cannabis médica… Algunas personas reaccionaron a mi artículo sobre el gobierno de Pablo Salazar señalándolo como autoritario. ¿Qué gobernador de qué partido no concentra el poder? Esa es una de las notables perversiones de la transición mexicana que no generó contrapesos a los gobiernos estatales. Pero al menos con PSM hubo cuestionamiento permanente por parte de la prensa a su gobierno, es decir, no se impuso el oficialismo como doctrina única de los medios, tal y como acontece en la mayoría de las entidades del país… Esperemos que la cumbre internacional para la seguridad nuclear dé resultados trascendentes y no sirva sólo para poner en el banquillo de los acusados a Irán. Lo que se requiere son acuerdos ambiciosos de desarme mundial, que sean recíprocos y verificables… Bien por el Chicharito Hernández que se va a uno de los equipos más importantes del mundo, Manchester United, en una de las ligas más competitivas. Está en su mejor momento y esperemos que juegue un gran mundial. Sería un desperdicio que calentara la banaca. Una gran oportunidad que seguramente aprovechara, siempre y cuando Ferguson tenga la visión y el tino de alinearlo

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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