Culposos y disculposos / Federico Berrueto

La sesión del miércoles en la Cámara de Diputados ha sido de escándalo. Todos pierden, mucho más la Cámara y los partidos. César Nava no calculó bien las consecuencias del intento de llevarse a Peña Nieto en su propia debacle. Hacerlo desde la tribuna, sin las tablas y el oficio de su contraparte del PRI, devino en uno de los más detestables espectáculos. Ni los informes presidenciales o la accidentada toma de protesta de diciembre de 2006 fueron tan oprobiosos. Como toda guerra, se puede saber el inicio, pero nunca tener certeza del desenlace. Tiene razón Manuel Espino, Nava es el mejor promotor de Peña Nieto, quien en el saldo, además de adquirir la condición de víctima, se torna expresión de cordialidad y cordura. Le encareció al Presidente y a Manlio Beltrones cualquier intento para descarrilar su candidatura e hizo consolidar la relación con Beatriz Paredes.

En la euforia del arrebato hubo de todo. La provocación vino de los azules. En los tricolores, la parte agredida, hubo más mesura y ponderación, excepto algunos exabruptos como los de Óscar Levín y Rodrigo Reina; algo tuvieron que hacer Chuayffet y Francisco Rojas para contener la furia de los diputados mexiquenses. Nava estuvo mal, muy mal, y abrió camino para que su correligionaria, la diputada María Elena Pérez, acabara acusando de homicidio al gobernador mexiquense. Un exceso inédito. La tribuna empleada para calumniar e injuriar. Los “muchos medios” a los que aludió no existen más que en el imaginario de la maledicencia, la que dio voz con la impunidad que acompaña al fuero legislativo.

Nava ofreció disculpas a los senadores del PAN; Levín Coppel a la comunidad gay; los panistas a los verdes; lo peor vino de María Elena Pérez, también la disculpa fue un lamentable acto de bajeza, indigno de cualquiera. Comparado con lo ocurrido, Fernández Noroña se vuelve prócer del comedimiento, la sensatez y los buenos modos parlamentarios. La cuestión es que los borrachos, los niños y los enojados asumen decir la verdad. Las heridas quedan, aunque es previsible que el oficio de Paredes y Peña Nieto permitirá superar el diferendo.

Aunque la Presidencia ha dejado correr la especie de que el dirigente se fue por su cuenta —en lo del pacto y en la andanada parlamentaria—, en el PRI nadie lo cree. Es el mismo patrón de Germán Martínez. Hay razones para concluir que la rijosidad de ambos se origina en la Presidencia. En esto tiene razón el senador Manlio Beltrones, estos hechos no ocurren por omisión, sino por diseño consentido, si no es que elaborado desde la Presidencia.

La historia se repite; la farsa de hace seis años es equiparable a la de ahora. A los presidentes que el PAN ha llevado al poder se les dificulta en exceso mantener distancia de la disputa sucesoria. Fox la cargó contra López Obrador; ahora ocurre contra Peña Nieto. Sin embargo, las diferencias son evidentes. Calderón no cuenta con la popularidad y habilidad mediática del guanajuatense y sólo tiene como aliado al senador Beltrones, quien presuroso salió a descalificar el pacto del Estado de México. A diferencia de López Obrador, Peña tiene partido y una alianza que suma a más de la mitad de los gobernadores del país, y no sólo del PRI.

El saldo del enfrentamiento es que Nava ha caído en lo más bajo del prestigio conocido para un dirigente político; sin autoridad en su partido y sin más credibilidad que la que le dispensa Jesús Ortega, otro muerto en vida. Beatriz presenta heridas que habrán de sanar con los resultados electorales favorables y el apoyo con el que cuenta en la Cámara. Peña Nieto resultó ileso y al igual que AMLO hace seis años, victimizado. Manlio Beltrones, exhibido en su deslealtad al PRI y en su odio a Peña y Beatriz Paredes. El presidente Calderón mostrándose esencialmente contradictorio, azuza primero y después condena a los azuzados. Gómez Mont y Espino reivindicados. Vázquez Mota habilitada más que siempre como una opción digna.

Los diputados culposos y disculposos nada resuelven. No advierten que son victimarios y víctimas de la mala entraña que se teje en las alturas. Han sido protagonistas de uno de los espectáculos más lamentables de la política. La crítica al poder se vuelve indispensable; no es cuestión de conveniencia, sino de supervivencia. Como dice Ciro Gómez Leyva, es necesario correr el riesgo de nombrar, señalar y particularizar; no quedarse en las generalidades o en la ambigüedad propia de los temerosos o de los convenencieros.

Las palabras del crítico pueden ser severas y en ocasiones injustas. Que sean parciales y subjetivas es inevitable. Lo cierto es que el incidente hace obligado preguntar ¿qué han hecho de México los políticos empoderados? La respuesta que la ofrezca cada cual en este país de conmemoraciones y miserias centenarias.

fberruetop@gmail.com

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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Una respuesta a Culposos y disculposos / Federico Berrueto

  1. jose arody dijo:

    La nota es bastante enredada para quienes no tenemos cultura política, así como para quienes no vivimos al cien por ciento la vida de “nuestros politiquillos” las cortinas de humo, las payasadas y los deseos de protagonismos, para salir llamar la atención de los reflectores y sacar partido, como dice el dicho: el que se mueve no sale en la foto.

    Calderón, de Cesár Nava, de Beatriz Paredes, Manuel Espino, Manlio Beltrones, Óscar Levín, Rodrigo Reina, Chuayffet, Francisco Rojas, Germán Martínez, Levín Coppel, la comunidad gay, los panistas, los verdes; María Elena Pérez, Fernández Noroña, López Obrador, Jesús Ortega, Gómez Mont, Espino, Vázquez Mota, diputados, senadores, sujetillos que pertenecen a un grupo de ciudadanos de quinta, mediocres, hipócritas, corruptos, que lo único que buscan son beneficios personales para ellos y algunos cuantos familiares de ellos.

    ¿Qué han hecho de México los políticos empoderados? Lo que han hecho siempre actuar a sus anchas porque se sienten dueños de la nación y de las voluntades de los ciudadanos que se la parten de verdad día a día en sus empleos mientras ellos viven a sus anchas.

    La respuesta es muy difícil que la ofrezca cada cual en este país, ya que en ocasiones solo tienen tiempo para lo más esencial: llevar un alimento deficiente a sus familias.

    Y en cuanto las conmemoraciones son formas de justificar gastos y darle a muchos ya no pan y circo sino “circo sin pan” y continuar con las miserias centenarias para el pueblo, pero para los ricos poderosos y los políticos se siguen repartiendo el pastel a sus anchas.

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