Mi amiga Elsa (y los Legionarios de Cristo) / Liliana Bretón

Escrito en junio de 2006

Mi amiga Elsa era una niña de sociedad, de ésas guapototas que los chavos en las fiestas de secundaria se peleaban por sacar a bailar. Mi amiga Elsa se casó con el galanísimo amor de su adolescencia y tuvieron un divino bebé con los ojos más azules que el cielo de invierno.

El marido de Elsa era un hombre exitoso, sobresaliente y seductor y siempre estaba rodeado de mujeres. Una de ellas finalmente lo conquistó, dejando a mi amiga Elsa en posición de madre soltera, pero ella bien luchona salió adelante.

El hermoso bebé creció  y entró a la primaria en el Colegio Cumbres, claro que ¿a cuál más?, si era al que debían ir todos los niños bien de las Lomas, mientras que mi amiga Elsa trabajaba en todo lo que podía para que su hijo tuviera la mejor vida digna que ella pudiera otorgarle, sin ayuda de nadie.

Sus empleos siempre fueron de altura, dado el entorno en el que se movía, los conectes que tenía, su nivel de educación, su riqueza cultural, su presencia, su aplomo, su infinidad de recursos, su dotada inteligencia y su arrollador encanto.

En una de ésas, alguien influyente la recomendó con un reconocido y potentado funcionario que requería de clases de cultura para estar a la altura de sus aspiraciones políticas. El doctor Emilio era un señor poderosamente fascinante y después de algunos meses que mi amiga Elsa llevaba trabajando con él de forma cercana, inevitablemente se enamoró de él… y ¿qué hombre puede resistirse a la sublime rendición de una hermosa e inteligente mujer enamorada de él?

La relación floreció, él pasaba con ella cuanto tiempo le era posible. Le compró un super condominio en Tecamachalco, que él visitaba prácticamente todos los días. Mi amiga Elsa siempre lo recibía con suculentos manjares y se le presentaba como una impecable geisha… ella es así.

Este estilo de trabajo y de vida le permitía sostener una muy cercana relación con su hijo, cuidar su casa, estar en forma, mantenerse actualizada para continuar culturizando a su educando y además contar con su buena compañía. Así, transcurrieron varios años.

Por ahí de mediados de 1983, mi amiga Elsa se dio cuenta que algo no estaba bien con su pequeño y empezó a indagar. No tardó mucho en percatarse que la puntita de la hebra que había empezado a desenmarañar tenía un fondo oscuro y sensiblemente dañino para su pequeña pero ordenada familia.

Su agraciadísimo hijo había sido víctima de violación de un prefecto de la escuela y esto ya llevaba un par de años. No sólo eso, su chico era uno de tantos que este tipo había decidido incluir en su lista de amoríos y ni Elsa ni los demás papás tenían un ápice de sospecha. Al enterarse, sintió como astillas de hielo recorriéndola de punta a punta. Estaba enrabiada. La cabeza le daba vueltas y el cuerpo no le respondía.

Dejó que se le bajara la primera reacción y llamó al padre de su hijo, ilusamente esperando una respuesta de preocupación. El tipo se limitó a culparla y desentenderse, como ya lo había hecho los últimos diez años… y ése fue el primero de los cientos de portazos que mi amiga Elsa recibió en las narices.

La siguiente llamada fue a su importante amante, quien ella sabía que con un telefonazo movía todas las montañas. El galán estaba de gira, le dijo que le devolvería la llamada un poco más tarde y mi amiga Elsa jamás volvió a saber palabra alguna del distinguido caballero. Sus trajes y efectos personales se quedaron en el clóset para la beneficencia posterior.

Poco a poco, la alta sociedad en la que se movía mi amiga Elsa le demostró que ya no merecía pertenecer a ella. Había pecado y tenía que pagar el precio. Poco a poco también, las oportunidades se fueron desvaneciendo y mi amiga Elsa paulatinamente perdía todas sus esperanzas.

Una de las miles de llamadas que hizo fue a dar con un vecino-amigo de su infancia, que ahora trabajaba en los medios, y se ofreció a ayudarla. Era el primer periodista, de muchos que había contactado, que accedía a dar seguimiento a su caso.

Al poco tiempo de iniciar sus averiguaciones, este amigo se percató de la magnitud del problema, ya que el tipejo agresor estaba protegido… muy protegido. Sin embargo, sus defensores no pudieron contener el asunto legal y, por evitar un escándalo mayor, decidieron des-proteger al individuo que finalmente fue a dar a la cárcel, donde pagó su culpa no sólo con el encierro, sino como ya sabemos que pagan allá adentro los detractores de menores.

Mi amiga Elsa se echó  la bronca ella solita. Ninguno de los papás de los otros niños lastimados la acompañaron en las acusaciones o careos, algunos la tildaron de loca y otros hasta negaron públicamente que aquello había sucedido. Su amigo periodista estuvo con ella hasta donde le fue posible, pero finalmente todos continuaron con su vida, incluso ella.

Mi amiga Elsa perdió  su departamento de Tecamachalco, jamás pudo volver a conseguir los empleos que había tenido, se deprimió pues se sintió inútil y al poco rato envejeció, engordó y se encerró.

En la actualidad, mi amiga Elsa sigue siendo esa linda e inteligente persona que conocí. Su hijo se convirtió en un atractivo hombre que ha hecho carrera como comunicador, denunciando abusos. Aún juntos madre e hijo, no han podido llegar a donde ellos pensaban que estarían en el siglo XXI, pues 1983 los dejó marcados y arrasó con sus planes.

Hoy, me da mucho gusto que un poquito de justicia se haya hecho: Marcial Maciel ha sido ligeramente castigado pero altamente expuesto ante la sociedad… un poquito de justicia… aunque mi amiga Elsa se haya acabado.



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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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11 respuestas a Mi amiga Elsa (y los Legionarios de Cristo) / Liliana Bretón

  1. jose arody dijo:

    Historias como esta por desgracias ocurren constantemente, de algunas nos enteramos y de otras no, hay personas pervertidas que gozan de riqueza y poder y van por la vida haciendo uso de ellos para dañar a personas que por una u otra razón tienen la desgracia de tratar con ellos.

    Pero no solo tienen la culpa ellos, es una culpa compartida, ya que también hay personas inmorales que arrastran una cultura deficiente que le hacen segunda a este tipo de basura humana, que hacen todo lo posible por darles gusto hasta en sus más pequeños deseos, tal y como perros hambrientos esperan las sobras que quiera darles su amo, con tal de quedar bien con ellos y ganar de vez en cuando algún pequeño favor, sin importarles el costo, pasando por encima de quién sea, sin importarles el dolor humano.

    Pero al hablar de culpa compartida, también le toca una parte a tú “amiga Elsa”, ya que bien podía haber vivido de acuerdo a sus posibilidades, tal vez haciendo los esfuerzos y sacrificios que mencionas que ella hacia, para darle a su hijo los estudios para que esté a su vez pudiera acceder a un estrato social mayor al que tenía pero sin descuidarlo demasiado, dice el dicho que “al ojo del amo engorda el caballo”.

    Quizó vivir en un nivel de vida que posiblemente no le correspondía vivir, dependiendo de otra persona y no del fruto de su espfuerzo y trabajo personal.

    Era de esperarse que buscara la ayuda de su amante para que nuevamente le ayudara a resolver el problema que se le había presentado, y probablemente este también huyó asustado al saber de quién se trataba. Tal vez si no hubiera tenido ningún tipo de influencia el sujeto en cuestión, su amante posiblemente hubiera sido quién de una o de otra forma habría destrozado su existencia. ¿No crees?

  2. Hijo de Elsa dijo:

    José… soy el hijo de Elsa; NO hagas suposiciones, no te corresponde.
    Gracias

  3. Mar dijo:

    La pederastía es un delito grave. Los culpables deben ser encontrados no en el seno de una familia, esos están afuera protegidos, amparados por la impunidad. Lo realmente preocupante es que la sociedad, o un fragmento considerable de ella, los defiende.
    ¿Y dicen que a Maciel le espera el juicio de Dios? Ni a estos niños, ni a nadie le importa un rábano que los juzgue un ser superior. Se les debe castigar aquí, en la tierra y del mismo modo que a cualquier delincuente.
    La historia de Elsa y de su hijo, en efecto, es sólo una de tantas que, por desgracia, seguirán existiendo mientras las leyes sean laxas y se apliquen con rigor sólo a quienes convenga.

  4. jose arody dijo:

    Perdón hijo de Elsa , mi intención no ha sido la de ofenderte a tí o a tú mamá, más bien va dirijido a otras personas involucradas. Con sinceridad.

  5. Sin pretender hacer este comentario más largo que el texto original, hay algunas reflexiones de contexto que quiero compartir con respecto a nuestra sociedad, que es la más culpable:

    1. El papá del chavo fue el primero en dar la espalda, desentendiéndose de la bronca, como muchos machines que dejan a su familia anterior a que se rasque como pueda, con los aplausos de sus círculos.

    2. Los legionarios se han mantenido a flote bajo el cobijo del nombre de Dios y con la vista gorda de sus seguidores, por DÉCADAS.

    3. Este chavo no fue el único, hubo CIENTOS cuyas familias prefirieron callarse a cambio de grandes sumas de dinero.

    4. En esa época, las mujeres divorciadas todavía eran extremadamente juzgadas y tenían todo en su contra. Con esfuerzos exagerados el chavo tuvo todo el apoyo de la única persona que lo defendió.

    5. El amasiato es una intrascendencia de la historia. No se trataba de una trepadora. Ella tenía mucho más clase que él. En todo caso, él era el trepador que hasta educación en privado necesitaba.

    Restarle importancia a lo relevante de este caso es como pretender aminorar las incalificables y escandalosas faltas del tal Maciel desacreditando a los hijos por intento de soborno.

  6. Juan Manuel dijo:

    Me impacta esta narracion no solo la historia sino la forma de exponerla. Es indignante la forma en que esa congregacion y toda la sociedad nos hemos mantenido impasibles a estos crenes. Felicidades por escribirlo, felividsdes por publicarlo y felicidades al Hijo de Elsa ppr hacerse presente y darle validez al esvrito.

  7. Patricia dijo:

    Què fuerte. Mis respetos.

  8. P. dijo:

    Dos valientes valen más que noventa y ocho silencios. Eso, si se quiere cambiar el país. Si no, pues nada.

  9. arody dijo:

    Ojala que todo se pudiera arreglar hablando, pero no, también es necesario actuar.

  10. alberto mercatti dijo:

    Esto es mes frecuente,de lo q la gente sabe..el clero lo a qerido ocultar,es como tapar el sol con el dedo.

  11. a dijo:

    en la masoneria era un rumor muy extendido la clase de alimañas que componen a esta y otras pseudologias del vaticano desafortunadamente el Mexico que nos ha tocado vivir prefiere vivir arrodillado ,enterarse de a quien van a poner de portero de la seleccion y dedicarse en cuerpo y alma a idiotizarse viendo juegos que ya estan previamente arreglados entre los grandes consorcios (corona coca cola televisa bacardi tvazteca )que a cuestionar las creencias que tiene implantadas por 500 años por entes romanos (el aparato burocratico catolico) muy astutos

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