Elecciones homólogas / Yuriria Sierra

La necesidad de tener un calendario electoral homologado es evidente. Lo mismo, el crear una clase política más afín a los acuerdos que el país necesita. Este 2010 serán 12 gubernaturas y, en 15 estados, congresos y ayuntamientos, lo que se jugará en comicios, un proceso electoral más, uno más, el que nunca falta durante el año.

Ayer se hablaba de lo importante que sería tener un calendario electoral organizado durante un sexenio, que haga que sólo se tengan comicios intermedios, como los del año pasado, cuando cambiamos a los miembros del Poder Legislativo federal, como única oportunidad de renovar poderes en nuestro país aparte de las elecciones presidenciales. Es decir, una elección a medio sexenio, no más.

Y es que, cada año, sin importar si es el segundo, tercero, cuarto o quinto del sexenio, se disputan en territorio nacional presidencias municipales, gubernaturas o curules en congresos locales. No hay un solo año en que descanse nuestro sistema electoral, tan agotado en todas las circunstancias.

¿Es importante? Desde luego, no sólo por lo primero que nos viene a la mente: el presupuesto (a ver si así gastan menos). Sino porque eso significaría que la política nacional tendría tiempo suficiente para sentarse con tiempo a discutir los temas que urgen, lejos de sus jueguitos de siempre, de los cambios de camiseta, como ésta muy sonada de Lino Korrodi quien, de ser uno de los más cercanos “amigos de Fox”, hoy piensa ir en busca de la gubernatura de Tamaulipas… ¡por el PRD! No tan extraño el cambio en Korrodi (extrañísimo para los ideales de inicio del PRD, pero no tanto de los que actualmente maneja).

Esto viene a cuenta por lo que dijo ayer Fernando Gómez Mont en la Reunión de Embajadores y Cónsules de México: “Los procesos electorales entorpecerán los acuerdos”. Lo sabemos, somos un país que no está acostumbrado al diálogo, mucho menos a los acuerdos. A los legisladores se les va el tiempo en discusiones insulsas, ataques entre los bandos y, si bien nos va, a un par de noches en que se ponen a “legislar”.

No hay una cultura que invite al diálogo porque, cuando un legislador se sienta en su curul o en su escaño, es momento ya de que pida licencia y busque el puesto de elección popular que sigue: una presidencia municipal, tal vez una secretaría o una gubernatura. No hay tiempo, pues, para que en serio se dediquen a su trabajo, no hay diálogo y mucho menos acuerdos.

Este año, el proceso electoral sólo tendrá unos cuantos meses de diferencia con las elecciones intermedias y estará a la vuelta de la esquina del inicio oficial de la carrera por la Presidencia del país. La atención siempre se consume en esos dimes y diretes entre los partidos y sus miembros: “Tú te vas acá, yo allá y, ése, acullá…”. Y los temas, esos siempre se discuten en una sesión “extraordinaria” que los deja exhaustos y con un bono en los bolsillos.

Se necesita, en calidad de urgente, que el calendario electoral sea homologado, y no sólo por los acuerdos y el presupuesto, sino porque también los ciudadanos tenemos derecho a descansar de tantas campañas tan pasadas de moda.

La política nacional tendría tiempo suficiente para sentarse con tiempo a discutir los temas que urgen, lejos de sus jueguitos de siempre.

Publicado en Excélsior

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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