Yo: el criminal / Antonio Navalón

Cien días del crimen en Sonora. En medio de esto la democracia hizo caer al candidato del gobernador que durmió como un bebé cuando asesinaron a los 49 niños y eligió a otro vinculado con los que cometieron el infanticidio. La democracia garantiza la impunidad.

Cuarenta y nueve niños: los asesinamos, los condenamos, y ahora con el viento del olvido nos llegan sus cenizas, nos abrazan y nos queman. Por eso yo me siento un criminal, y cuando mis hijos o los tuyos empiecen a arder sabré que la llamarada les llega del incendio de inequidad que asola al país, y que empezó en Hermosillo el 5 de junio con las tres primeras letras del abecedario.

Los presuntos responsables pagaron dos mil pesos cada uno para protegerse de la aplicación de la ley, como si en verdad les fuera necesario, y como si la vida de 49 niños costara 8 mil pesos moneda nacional.

Cien días transcurridos en los que a usted o a mí apenas nos sucedió algo, en los que unos más otros menos, han vivido como si nada hubiera pasado. Cien días en los que salvo textos periodísticos como éste, parecería que lo normal es la posibilidad de seguir matando a nuestros hijos sin que haya culpables.

Mientras que en la Tierra fracasó la justicia y todos nos volvimos criminales, donde sí pasó algo fue en el cielo: ahí se encontró paz para los responsables. En Hermosillo la Iglesia católica proclamó buenas personas a los indiciados. María A. Gómez del Campo, Sandra Téllez, Antonio Salido y Francisco Urquídez, ya gozan de la salvación eterna.

La PGR ¿actuó? Giró orden de detención contra los dueños de ABC y no se cumplió. La Suprema Corte tomó el caso y le abrió camino al Derecho. Los familiares de las víctimas poco a poco son sepultados en el olvido, y los poderosos parientes de los dueños han visto pasar el problema de lado.

Todo queda dicho con la omisión de las autoridades. Sólo la Iglesia, cuyo reino no es de este mundo, nos explicó que hoy como ayer en San Juanico, nada ha cambiado, y que se puede asesinar a nuestros hijos sin pagar por ello ni aquí ni en el reino de los cielos.

Cuáles serían los crímenes de los 49 niños para no merecer la absolución de la Iglesia católica a pesar de ser las víctimas. Cada día que pasa sus caras van desapareciendo, y en la medida en que vuelve la tranquilidad y la buena conciencia a quienes, de manera activa o pasiva cometimos este crimen, el país se convierte ahora sí en un estado fallido. El 2009, AÑO DE LA IMPUNIDAD.

Publicado en El Universal

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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