Juanitolandia / Jacobo Zabludovsky

Si se descuenta el año de Hidalgo quedan dos para realizar las 10 buenas intenciones. Fueron la parte medular del discurso pronunciado por el presidente Felipe Calderón el miércoles en Palacio Nacional, pieza oratoria que algunos han calificado de muestra ejemplar de la elocuencia tribunicia, elevando lo lambiscón a las alturas de la ignominia. Lo más que se puede decir, y en eso estoy de acuerdo, es que ha sido el mejor de los suyos. Obvio. Basta revisar los anteriores.

Pero no es del discurso, mensaje, postinforme, explicación, síntesis, resumen, arenga, coloquio, monólogo, reflexión, confidencia, orientación, exhorto o petición de lo que quiero hablar, sino de los 10 puntos que según la imitación bíblica pretenden normar nuestro destino. Se trata de aprovechar lo que resta del sexenio para facilitarle el trabajo al próximo presidente que, como van las cosas, será Juanito, a menos que surja otro con más cualidades y mayores méritos, posibilidad no perfilada hasta donde abarca la vista en nuestro horizonte ciudadano.

Ante la brevedad del tiempo les empiezan a ganar las ansias. Esos cuantos segundos que les deja libre el subir y bajar del carrusel de los noticiarios garantizados para repetir lo mismo 14 veces, lo emplean para demostrar que lo del decálogo (no el del Sinaí sino el del Zócalo) va en serio. Hoy lunes, por ejemplo, meterán a fondo el acelerador para despachar dos de los puntos. Elementos, los llamó el señor Calderón.

Al mediodía será la Asamblea Anual del Instituto Mexicano del Seguro Social, con asistencia del presidente Calderón. “Alcanzar en esta administración la cobertura universal de la salud”, reza (verbo adecuado) el segundo elemento. Oportunidad como buscada intencionalmente para anunciar una coordinación estricta del IMSS con el ISSTE y el Seguro Popular, para distribuir mejor las clínicas, almacenar en conjunto medicinas, mejorar el servicio médico, modernizar tratamientos “para cualquier mexicano que lo necesite, independientemente de su condición social”. Eso puede empezar a hacerse hoy sin grandes complicaciones reglamentarias ni gastos excesivos.

“Una reforma profunda de las finanzas públicas. El gobierno será el primero en poner el ejemplo, a través de un extraordinario esfuerzo de austeridad y racionalización de la Administración Pública”. Es el elemento 4. Supongo que ahí se comprende el cierre de algunas secretarías, cierre que no costará trabajo porque hace tres años que no abren. La medida, además del aplauso nacional, provocará un adelgazamiento de los proyectos de leyes de egresos e ingresos que se presentarán esta semana, razón de su urgencia.

Los otros ocho elementos, tan aplaudidos por las fuerzas vivas que tuvieron la suerte de ubicarse en el patio central, son ligeramente más difíciles de aplicar. “…frenar el crecimiento de la pobreza… etcétera”, ordena el primer elemento. Nadie puede estar en contra, lo que pasa es que no está claro el cómo ni se vislumbra la voluntad política de distribuir mejor la riqueza, única manera de combatir el problema fundamental del país. “Evitar cualquier abuso o desvío” del gasto público. En escenografía y difusión del mensaje se gastaron 300 millones de pesos. (Véase otra vez elemento 4).

“Lograr una educación de calidad”. Elemento 3. No es estimulando las tres y recortando dinero a las instituciones de educación superior, como se logrará ese propósito. Se ningunea a la Universidad Nacional Autónoma de México mientras España le entrega su máximo premio a la calidad académica. Algo no encaja.

El elemento 5 habla de “una reforma económica de fondo…”. Léase elemento 4. “Reformas de segunda generación para proteger nuestra industria petrolera…”. Esa película ya la vimos.

“Reforma al sector de las telecomunicaciones… competencia entre los actores”. En este sexenio se ha logrado todo lo contrario. Es el elemento 6.

Elemento 7. Es una promesa de cumplir las leyes laborales. A eso se obligó al tomar posesión. Se obligó, repito.

Elemento 8. “Reforma regulatoria de fondo… derogar todos aquellos acuerdos, oficios, decretos y reglamentos cuya necesidad no quede clara y plenamente justificada”. Uno se pregunta por qué esperó hasta ahora.

Elemento 9. “Profundizar la lucha contra el crimen”. Después de tres años de lucha cada día ganada, mientras el señor Calderón hablaba en México, en Chihuahua eran “fusilados” 20 jóvenes y de sus asesinos nada se sabe.

Elemento 10. “Una reforma política de fondo”. Desde cuándo la estamos pidiendo todos los mexicanos sin ser escuchados.

Vamos a ver, dijo un ciego. Adelante mis valientes. Deseo de todo corazón y en serio que cuaje el decálogo y las leyes que de él emanen.

El Universal

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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2 respuestas a Juanitolandia / Jacobo Zabludovsky

  1. No se si es para tanto

  2. Alberto Piquero dijo:

    El motivo de este escrito es ponernos en contacto con usted desde el diario EL COMERCIO, de Asturias (España). Le agradeceríamos una pronta contestación, al tiempo que le enviamos nuestros saludos más cordiales.

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