Un nuevo punto de partida / Liébano Sáenz

El Presidente Calderón ha hecho de la instalación del Congreso y del informe un meritorio punto de inflexión de la política nacional. Convocó a no permitir que sea  la inercia la que determine la evolución del país. El Presidente ha leído bien el momento y circunstancia nacional; en su condición de jefe de Gobierno y de Estado le corresponde a él ser el articulador de este propósito; el nuevo equilibrio político en el Congreso obliga a una iniciativa de tal naturaleza. Es alentador ver el reencuentro de la Presidencia con su potencial, funcionalidad y capacidades.

Acierta el Presidente al señalar que el cambio, además de necesario e impostergable, empieza por cada uno. Los diez puntos de su propuesta, todavía por definir en su contenido, son suficientes para advertir que buena parte de lo que está por realizarse sería tarea no nada más de su gobierno sino de todos. Es bueno que la dificultad y la incertidumbre sean entendidas como oportunidad para que el país pueda tener un mejor curso en todos los ámbitos de la vida nacional.

La economía es el eje, la política la condicionante; la solución a la cuestión social requiere buenos resultados en estos dos planos. Las palabras presidenciales no deben quedar en el discurso; hay señales suficientes para identificar determinación en el Presidente, pero la cuestión continúa siendo si el Congreso, los partidos y los poderes locales actuarán en consecuencia.

El mensaje del Presidente es un replanteamiento de la política. Se trata de pasar de un plano defensivo –que ha prevalecido en los primeros tres años-, a otro proactivo y de realizaciones de largo plazo. Por la composición de la Cámara y lo acontecido en los comicios, implica que la propuesta de cambio se haga considerando la recomposición política del país y del Congreso. Su discurso muestra que para él ha quedado superado lo que pudiera haber de agravio y las heridas de la batalla electoral. Lo que se plantea y propone es un esfuerzo conjunto para un mejor desempeño de los tres órdenes de gobierno y una base que permita un mejor aterrizaje de la administración federal actual y mejores condiciones de arranque para la que habrá de iniciar en poco más de tres años. La lectura entre líneas debiera ser adecuadamente interpretada por el PRI, el partido mejor perfilado para el resultado en la sucesión presidencial y, por lo mismo, también debiera estar naturalmente interesado en un desenlace exitoso de los cambios, aunque, es cierto, hay quienes, emboscados, apuestan al fracaso para mantener su posición de influencia.

La política, que es una actividad de principios y de responsabilidades, también lo es de intereses y proyectos particulares. Ese es el mayor desafío y acaso la duda sobre los interlocutores de la Presidencia: los grandes empresarios y organizaciones sociales y, muy especialmente, los gobiernos locales y el Congreso. El Presidente está decidido a meter orden en el gasto propio e invita a los demás a actuar en igual sentido. Todos debieran entender que mucho se puede ahorrar sin poner en riesgo las tareas fundamentales de gobierno. Pero, también es inexcusable trabajar en el frente de los ingresos. Todos tienen mucho por hacer.

La recomposición política significó que los gobernadores del PRI obtuvieran mayor influencia en la Cámara de Diputados. Esto conlleva a que la construcción de acuerdos deba darse en las entidades y municipios, por cierto, los más afectados por la crisis en las finanzas públicas. El esquema de consenso a través de las cúpulas del Congreso o de los partidos se ha agotado, además de que los resultados obtenidos por ese método, sólo acreditaron cuan mezquina puede ser a veces la voluntad de algunos políticos embarcados en los juegos de poder personal.

El Presidente, los gobernadores, el Jefe de Gobierno del DF y los presidentes municipales comparten los peores efectos de las dificultades en el frente económico y social, así como las consecuencias del rezago en infraestructura. La crisis en las finanzas complica aún más las cosas. Lo más encomiable de los tres años del gobierno de Calderón ha sido la inversión en infraestructura urbana y de comunicaciones. Lo realizado y lo que está por emprenderse no guarda precedente y, sin duda, pone al día al país y le da competitividad. Sin embargo, mucho de esto puede posponerse si no hay recursos suficientes. Apelar a la deuda, como lo sugiere una de las fuerzas políticas, no sólo es indebido porque se traslada a otras generaciones el cumplimiento de obligaciones, sino que ya deja de ser opción.

Una vez establecida la posición del Presidente y ya que se hayan definido los alcances de la reforma fiscal que plantea, asumiendo el apoyo de su partido, en buena medida es en el PRI donde radicará la solución y, muy particularmente, en los mandatarios estatales. Los diputados y senadores deben volver la vista a sus territorios y poner menos atención a los juegos de poder del centro. La reforma fiscal es posible en la medida de que la asignación de recursos atienda las necesidades de los Estados y municipios, esto es, la solución de la insuficiencia de ingresos debe darse en la discusión sobre el destino del gasto. Los ayuntamientos deben mejorar sustancialmente sus ingresos por la vía del impuesto predial y del cobro de agua. De la misma forma, los estados deben concertar con las autoridades hacendarias esquemas para los contribuyentes menores, en especial, para que el comercio informal transite a la legalidad.

El Presidente ha dicho que habrá un recorte significativo al gasto. Los legisladores están obligados a hacer lo propio. El gasto del Congreso no impacta de manera importante a las cifras generales del Presupuesto; sin embargo, es elemental dejar en claro si los legisladores están o no dispuestos a un esquema de mayor transparencia y austeridad en el gasto legislativo. Este no es un tema de contabilidad, sino de ética pública y ejemplo.

Un nuevo punto de partida de la política es una exigencia que va más allá de un gobierno. Es una convocatoria al conjunto del sistema político. El Presidente ha fijado posición, con ello hace valer la investidura que ostenta. Sin embargo, los resultados penden, en buena parte, de lo que hagan sus interlocutores en el Congreso.

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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