Denuncian esclavitud de chiapanecos en Sonora

Llevan a los trabajadores a lugares lejos de sus comunidades, los explotan y les escamotean los ingresos

Roberto Del Solar / Excélsior

CINTALAPA, Chis.— Jesús Chacón Rodríguez afirma que en los campos de corte de la uva en el estado de Sonora, los jornaleros chiapanecos aceptan que les den únicamente la comida, sólo porque no tienen cómo regresar a casa.

El hombre, de 69 años, aceptó charlar con Excélsior en un espacio de su hogar, donde de antemano reconoció que ir a los campos de cultivo de la uva “es como ir a que los traten peor que a un perro”.

“Es un viaje muy largo”, inicia Chacón, al referirse al traslado que tienen que realizar los chiapanecos para llegar hasta el norte del país.

“Es de frontera a frontera y muy cansado. Son cuatro días y cuatro noches de camino.”

Explica que en Chiapas, los contratadores ofrecen 70 pesos diarios a cada trabajador, pero cuando están en Sonora, los jornaleros tienen que comprar su comida.

“De los 490 pesos semanales que nos dan, tenemos que destinar 200 para la comida.

“Nos guste o no la comida, tenemos que comer lo que nos den: frijoles en el almuerzo, frijoles en la comida y frijoles en la cena. Y al otro día, otra vez frijoles.”

Chacón mencionó que se tienen que levantar a las cuatro de la mañana para hacer fila y desayunar a más tardar a las seis de la mañana.

“Tenemos que hacer cola desde las cuatro de la mañana para que nos den de desayunar, ya que a las seis tenemos que irnos a los campos.”

Expuso que la faena comienza a las nueve de la mañana, pero para ser incluido cada día en los grupos de labor, el trabajador debe llegar a las siete. Si llega después de esa hora es castigado y no le dan trabajo durante tres o cuatro días.

Indicó que los propietarios de los campos ofrecen capacitación a los trabajadores para que conozcan cuáles son las plagas que afectan los cultivos y puedan mantener las plantas en buen estado.

“Conoce uno cuál es la viuda, cuál es el zarcillo, todos esos bejuquitos los conoce

uno, y el que no lo conoce, lo vuelven a llevar a la práctica y no le pagan el día, mientras aprende, más que su comida.”

Por eso Jesús Chacón dice que los encargados de los viñedos tienen razón cuando dicen que los chiapanecos se conforman con su comida.

“Tiene uno que aguantarse a estar todos esos días, porque no se puede usted venir, ya que está usted muy lejos, de frontera a frontera… está mucho muy lejísimos.”

Mencionó que los encargados de los centros de cultivo de la uva llegan a enganchar gente hasta Chiapas, para que allá en Sonora los maltraten y no puedan regresar.

“Cuando la uva está muy chiquita, el trabajador tiene que enrarecerla (frotarla) con los dedos.”

Explicó que por cada planta enrarecida les pagan seis pesos, y cada una necesita de dos a tres días de tratamiento, lo que significa que ni para comer sacan en ese trabajo.

“Es un gran sufrimiento el que pasa uno, ya que duerme uno en unas galeras grandes, donde se dan fuertes pestilencias por el sudor de los pies.”

Dijo que en esas galeras hay literas de diez camas cada una, donde duermen todos los trabajadores, pero como si fueran esclavos, ya que en cada galera acomodan hasta a 200.

“Son miles los trabajadores engañados en todo el país para ser llevados a los campos, donde después no los dejan salir en tanto no paguen con trabajo por lo menos el pasaje.

“No podemos ir a depositar dinero a nuestras familias, porque ellos temen que vayamos a escaparnos y por eso nos dicen: ‘A ver, el dinero nosotros vamos a ir a depositarlo’”.

Recomendó a los ilusionados con este viaje a Sonora que lo piensen no una sino mil veces antes de irse, “ya que se los está diciendo uno que ya vivió esa experiencia”.

Apuntó que si alguien desea ir a sufrir, que vaya y que lo viva y que después venga y que lo cuente al resto de las personas que están deseosas de ir hacia ese estado a trabajar.

Llevan a los trabajadores a lugares lejos de sus comunidades, los explotan y les escamotean los ingresos

CINTALAPA, Chis.— Jesús Chacón Rodríguez afirma que en los campos de corte de la uva en el estado de Sonora, los jornaleros chiapanecos aceptan que les den únicamente la comida, sólo porque no tienen cómo regresar a casa.

El hombre, de 69 años, aceptó charlar con Excélsior en un espacio de su hogar, donde de antemano reconoció que ir a los campos de cultivo de la uva “es como ir a que los traten peor que a un perro”.

“Es un viaje muy largo”, inicia Chacón, al referirse al traslado que tienen que realizar los chiapanecos para llegar hasta el norte del país.

“Es de frontera a frontera y muy cansado. Son cuatro días y cuatro noches de camino.”

Explica que en Chiapas, los contratadores ofrecen 70 pesos diarios a cada trabajador, pero cuando están en Sonora, los jornaleros tienen que comprar su comida.

“De los 490 pesos semanales que nos dan, tenemos que destinar 200 para la comida.

“Nos guste o no la comida, tenemos que comer lo que nos den: frijoles en el almuerzo, frijoles en la comida y frijoles en la cena. Y al otro día, otra vez frijoles.”

Chacón mencionó que se tienen que levantar a las cuatro de la mañana para hacer fila y desayunar a más tardar a las seis de la mañana.

“Tenemos que hacer cola desde las cuatro de la mañana para que nos den de desayunar, ya que a las seis tenemos que irnos a los campos.”

Expuso que la faena comienza a las nueve de la mañana, pero para ser incluido cada día en los grupos de labor, el trabajador debe llegar a las siete. Si llega después de esa hora es castigado y no le dan trabajo durante tres o cuatro días.

Indicó que los propietarios de los campos ofrecen capacitación a los trabajadores para que conozcan cuáles son las plagas que afectan los cultivos y puedan mantener las plantas en buen estado.

“Conoce uno cuál es la viuda, cuál es el zarcillo, todos esos bejuquitos los conoce uno, y el que no lo conoce, lo vuelven a llevar a la práctica y no le pagan el día, mientras aprende, más que su comida.”

Por eso Jesús Chacón dice que los encargados de los viñedos tienen razón cuando dicen que los chiapanecos se conforman con su comida.

“Tiene uno que aguantarse a estar todos esos días, porque no se puede usted venir, ya que está usted muy lejos, de frontera a frontera… está mucho muy lejísimos.”

Mencionó que los encargados de los centros de cultivo de la uva llegan a enganchar gente hasta Chiapas, para que allá en Sonora los maltraten y no puedan regresar.

“Cuando la uva está muy chiquita, el trabajador tiene que enrarecerla (frotarla) con los dedos.”

Explicó que por cada planta enrarecida les pagan seis pesos, y cada una necesita de dos a tres días de tratamiento, lo que significa que ni para comer sacan en ese trabajo.

“Es un gran sufrimiento el que pasa uno, ya que duerme uno en unas galeras grandes, donde se dan fuertes pestilencias por el sudor de los pies.”

Dijo que en esas galeras hay literas de diez camas cada una, donde duermen todos los trabajadores, pero como si fueran esclavos, ya que en cada galera acomodan hasta a 200.

“Son miles los trabajadores engañados en todo el país para ser llevados a los campos, donde después no los dejan salir en tanto no paguen con trabajo por lo menos el pasaje.

“No podemos ir a depositar dinero a nuestras familias, porque ellos temen que vayamos a escaparnos y por eso nos dicen: ‘A ver, el dinero nosotros vamos a ir a depositarlo’”.

Recomendó a los ilusionados con este viaje a Sonora que lo piensen no una sino mil veces antes de irse, “ya que se los está diciendo uno que ya vivió esa experiencia”.

Apuntó que si alguien desea ir a sufrir, que vaya y que lo viva y que después venga y que lo cuente al resto de las personas que están deseosas de ir hacia ese estado a trabajar.

“Yo lo único que les estoy diciendo es la verdad, no tengo por qué mentir, ya que no me gustaría que otros sufran lo que yo sufrí, aunque en comparación con los demás yo corrí con suerte.”

Mencionó que él fue contratado como velador de un viñedo, por lo que cobraba mil pesos y podía comer mejor que el resto de sus compañeros chiapanecos, pero después su trabajo era otro y ya no le gustó.

Confesó que su intención era irse a Estados Unidos. “En dos ocasiones pasé al otro lado para buscar a mi hija que, según mi yerno, tiene cáncer; pero me perdí en el desierto una semana, ya que el viento que corrió en esos días borró las huellas de paso”.

Reconoce que después de la segunda vez que lo agarró la migra decidió ya no irse, porque le advirtieron que si no dejaba de pasar la frontera, lo iba a detener.

En este sentido también reconoció que muchos de los chiapanecos viajan a esos viñedos con el afán de irse a Estados Unidos.

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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Una respuesta a Denuncian esclavitud de chiapanecos en Sonora

  1. sin empleo dijo:

    el gobernador del estado de sonora segun genera trabajo pero para que demonios genera trabajos para que uno valla a pedir y se encuentre con la sorpresa que no hay por que estan trayendo gente del sur.ai estamos nosotros sin empleos por su culpa exijanle trabojos asu gobernadores de su estado ya no se vengan a sonora

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