Crisis en las crisis sobrepuestas / Miguel Ángel Granados Chapa

México está agobiado por al menos tres crisis que coexisten y se contagian, se agravan recíprocamente: no cede la inseguridad, que se manifiesta en decenas de ejecuciones ocurridas en todo el país todos los días; se ahonda la económica, pues hemos caído en la recesión, es decir en el retroceso, en el decrecimiento, empeorado por las medidas destinadas a frenar la emergencia sanitaria, de la que creímos pasaríamos mañana a la plena normalidad hasta saber que en seis estados no habrá retorno a clases porque en sus territorios aumenta el número de casos de influenza.

La criminalidad rampante no se limita a privar de la vida a personas, sino que a menudo las somete a tortura y tras la muerte procura eliminar los rastros mediante la inhumación clandestina y aún la incineración, todo lo cual habla de una libertad de movimientos que se contradice con los informes oficiales sobre la intensificación del combate a la delincuencia.

En un paraje zacatecano, en el municipio de Río Grande, fueron hallados unos 20 kilogramos de cenizas, que se presume pueden corresponder a 12 cuerpos que habrían sido quemados después de la ejecución que alcanzó también a otras víctimas cuyos restos yacían en otro lugar del mismo municipio, no lejos de la presa El Cazadero.

En este caso los restos de las víctimas denotaban que habían sido sometidos a tortura. Cerca de la frontera de Chihuahua con Nuevo México, en el poblado de Palomas de Villa, municipio de Janos, fueron localizadas dos narcofosas, con tres y cuatro cadáveres cada una.

Anteayer viernes, según la cuenta del diario Reforma, más de 20 personas fueron asesinadas. En Sinaloa hubo tres ejecuciones y apareció el cadáver de un militar, víctima de un levantón, la cada vez más socorrida manera de privar de la libertad a una persona, que después aparece asesinada.

El domingo pasado, un joven militar que estaba de vacaciones en su pueblo (perteneciente a una unidad castrense acantonada en Veracruz, visitaba a sus parientes en Huamacatle, en Sinaloa) cuando se lo llevaron unos desconocidos.

Su cadáver fue hallado el jueves bajo un puente. Los levantones prosperan porque sus autores no son siquiera perseguidos. No hay noticia de que quienes practican esa conducta hayan sido procesados, entre otras razones porque acaso pertenecen a cuerpos oficiales.

O al menos actúan como si en efecto formaran parte del Ejército o las policías. No se advierte estrategia alguna, un escrúpulo especial en las autoridades para castigar a los levantadores que devienen asesinos.

Y como la impunidad no es privativa de ellos, no extraña que en Durango y Michoacán, tan castigados por la criminalidad, este viernes se produjeran nuevos crímenes incluida una decapitación.

A diferencia de las autoridades sanitarias, que hicieron acto de presencia para encarar la influenza, las encargadas de perseguir a los delincuentes tienen una conducta borrosa.

Se dirá que más allá de la coyuntura se prepararan para acciones de mediano y largo plazo. Por ejemplo, la Secretaría de Seguridad pública tiene en marcha una campaña de reclutamiento para las divisiones científica y de inteligencia de la policía federal, que por fin cuenta ya con su fundamento legal propio.

Se trata, según el parecer oficial, de “incorporar hombres y mujeres con estudios universitarios, sin adicciones, sin vínculos con los delincuentes ni antecedentes penales”.

Pero mientras se trabaja de ese modo en la “vertiente estructural” en la que debería ser su complemento, la operativa, en el “combate frontal en contra de la delincuencia” subsiste la incapacidad que permite el abultamiento de las cifras de la criminalidad.

Semejante actitud impasible parece tener la porción del gobierno encargada de la crisis financiera y económica. Sobre todo el secretario Gerardo Ruiz Mateos, comprueba que los reparos a su designación, por no alcanzar la talla adecuada, eran justificados.

No hay un solo programa eficaz de enfrentamiento a la pauperización de la economía mexicana, y esa falta corresponde a su secretaría, borrosa y borrable del organigrama de la administración federal.

Es más visible la actuación de la secretaría de Hacienda, pero a ella y a su titular Agustín Carstens los caracteriza el desatino de sus pronósticos o su pretensión de infundir confianza simulando que la situación es menos peo de lo que en realidad ocurre.

Hace siete semanas apenas Carstens, que hizo célebre su diagnóstico del catarrito insistió en negar que la parálisis de la economía mexicana fuera tan pronunciada como la que otros voceros oficiales proclamaban.

El secretario de Hacienda dijo entonces, después de que por meses había rehusado un pronóstico de tal naturaleza, que el producto interno bruto resentiría una pérdida de 2%.

Y el viernes, ante la prensa extranjera, como si con ello demorara el conocimiento de la mala noticia en México, no sólo reconoció que estamos ya en recesión, sino que admitió que la pérdida para la economía llegará a 4%, el doble de lo que calculaba hace menos de dos meses.

En sintonía con su desatinada percepción de la realidad, los remedios anunciados para favorecer la recuperación son siempre de orden menor que los necesarios.

Supuso, por ejemplo, quizá influido por la visión optimista que a comienzos de mayo expresaron los responsables de encarar la emergencia sanitaria, que su secuela sería de corto alcance.

Por eso incluyó un magro descuento en la aportación empresarial a la seguridad social durante junio y julio, sobre el supuesto de que después la recuperación permitirá el cobro de las cuotas completas.

Pero ahora se multiplican los signos de que los efectos económicos de la crisis sanitaria, y su impacto en la situación económica general no serán de corta duración.

Véase en tal sentido lo que ocurre con el turismo, que ya venía a menos por la inseguridad y las dificultades financieras y económicas globales y ahora está al borde de la quiebra por la mala fama sanitaria que, con razón o sin ella, cobró de buenas a primeras nuestro país.

. Ha habido un deficiente y hasta lamentable manejo de las consecuencias internacionales de nuestra epidemia de influenza. Aunque haya constancia de que ese mal afecta ya en mayor medida (por lo menos conforme a algunos indicadores) a Estados Unidos que a México, nuestro país en general y algunos de sus nacionales en particular, han resentido la reacción temerosa, arbitraria, primitiva de algunos gobiernos.

En vez de intentar el remedio de la situación mediante la diplomacia, la cancillería se ha limitado a protestar por el mal trato a los mexicanos en China y otros países.

Las víctimas de esa conducta ciertamente áspera, sin embargo, están expuestos, como lo están todos los mexicanos, a medidas que pueden incluir el aislamiento forzoso, carcelario casi, a que fueron sometidos en aquel país, porque el 24 de abril se publicó un decreto que otorga facultades al secretario de salud para obrar como si las libertades personales y los derechos humanos no existieran.

En peores condiciones quedó la imagen mexicana tras el ex abrupto del presidente Calderón respecto de nuestros presuntos ofensores. Antes de su arrebato podíamos válidamente exigir una satisfacción a quienes consideramos agresores.

Hoy ya no es así, porque devolvimos agravios contra ofensas.

En el frente interno parecía que las severas medidas adoptadas por el gobierno federal y el de la ciudad de México, y la resignada o activa colaboración de los gobernados producía el efecto esperado.

Pero no será así. En vez de empezar a volver a la antigua normalidad tenemos que lidiar con la evidencia de que los datos con que se tomaron las decisiones de restablecer nuestras maneras de producir, consumir, formarnos y divertimos fueron erróneos o que el virus de la influenza no es tan fácilmente reductible y derrotable como en algún momento se creyó.

Por alguna de esas razones mañana no habrá clases en Jalisco, Hidalgo, Guerrero, Michoacán, Nayarit y San Luís Potosí dejarán correr una semana más antes de intentar la vuelta a la normalidad.

En Jalisco no sólo el sistema escolar entero continuará en receso hasta el 18 de mayo sino también el funcionamiento de los lugares de gran asistencia, como loe estadios deportivos.

Vivimos, pues, una situación crítica en el manejo de las tres crisis que se nos imponen.

EL PASADO PRESENTE

Ayer hizo dos años, el 9 de mayo de 2007, que el empresario argentino Carlos Ahumada entró en contacto de nuevo con Diego Fernández de Cevallos, después de pasar mil 31 días en la cárcel.

Durante febrero de 2004, Ahumada y Fernández de Cevallos había urdido una maquinación para desprestigiar a Andrés Manuel López Obrador mediante la exhibición de unas videograbaciones hechas por el empresario a dirigentes del Partido de la Revolución Democrática que recibieron de él importantes cantidades de dinero.

Ahumada ha escrito un libro que comienza a circular en estos días. Se titula Derecho de réplica y en él revela que a través de Fernández de Cevallos, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari lo instó a participar en la maniobra contra el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, lo que aceptó a cambio de 400 millones de pesos, cantidad que él había pagado en nombre del PRD, entre otros acreedores a Televisa, y entregado a diversos líderes de ese partido.

Sólo recibió 35 millones, que al parecer Salinas reunió a través de contribuciones de Manuel Andrade, gobernador de Tabasco, Arturo Montiel, que lo era en el estado de México, Elba Ester Gordillo, Jorge Kawahgi y el ahora presidenciable Enrique Peña Nieto, entonces un oscuro diputado local mexiquense.

En su libro Ahumada insiste en acusar a López Obrador y al aparato de gobierno de la Ciudad de México por presunta corrupción y reitera que fue un preso político, a causa del rencor de las autoridades perredistas.

Al día siguiente de su liberación el 8 de mayo de 2009, el día 9 –ayer se cumplieron dos años—Fernández de Cevallos reapareció en la escena. Llamó a Ahumada para pedirle callar, que no dijera nada.

“Para garantizar que yo siguiera su ‘consejo’, logró que a la semana de mi salida del reclusorio, el día 17 de mayo me llegara un citatorio de la Procuraduría general de la república.

Debía presentarme a declarar el día 23, en m i calidad de indiciado por una averiguación pendiente…. “Así que no se trataba de presunciones, eran amenazas tajantes.

Si no me callaba, si me atrevía a dar nombres, mi libertad, mi vida y sobre todo la de mis hijos y Ceci, correrían nuevamente un grave peligro.

“En esos días vi a Diego en su casa de las Lomas. Su mensaje fue muy claro, Por teléfono me pidió que fuera a verlo, que me quería invitar una botella de vino tinto.

Yo estaba muy enojado, todavía lo estoy, pero acepté porque creía que era necesario hablar después de tanto tiempo. Además, iba con la esperanza de que se pudiera arreglar lo que estaba pendiente todavía.

“Me recibió como siempre, muy amable, muy cortés. Haciendo gala de la hipocresía que lo caracteriza, y de sus buenos modales, me preguntó si no le pensaba agradecer que hubiera obtenido mi libertad gracias a sus buenos oficios y sus influencias.

Me quedé con la boca abierta. Me esforcé para que no se notara mi enojo.

“Para rematar sus despropósitos, me dijo que también debía agradecerle sus gestiones en la madrugada del 8 de mayo. Cuando me detuvieron los judiciales fuera de la cárcel, ya que él había hablado con Marcelo Ebrard para que detuvieran la barbaridad que iban a hacer.

Según su propio dicho, lo que tenían planeado era subirme a un avión y desaparecerme.

“En verdad, no dejaba de sorprenderme, de indignarme. Sabía que todo lo que estaba diciendo eran patrañas, pero me dije: ‘!qué pendejo fui!, ¿cómo es posible, cómo pude haber creído, cómo pude haber tenido algún día confianza en él y en Carlos Salinas?’.

Nada más de recordarlo me embarga la furia otra vez.

“Después se quitó la careta de la amabilidad y me amenazó sin ambages. Me dijo que ya dejara todo como estaba, que me fuera del país, que era lo mejor para todos; que si no, se me podía complicar nuevamente la cuestión jurídica.

Se refirió al caso concreto del citatorio que me había llegado en esos días, donde se me citaba con el carácter de indiciado por la PGR.

“Posteriormente, al ir a declarar, me enteré de que se trataba de una averiguación que había sido abierta a raíz del testimonio fantástico de un testigo protegido, mi hermano Roberto –quien ha tenido siempre una animadversión manifiesta contra mi—y que desde el 9 de marzo de 2004, no se por qué razones, Juan Collado y José Luis Santiago Vasconcelos creyeron conveniente iniciar, y que la PGR estaba reviviendo en 2007.

“Diego se ofrecía para que este asunto no trascendiera. Me comentó –en ese entonces yo no sabía de qué trataba esa averiguación—que tal vez podría tratarse de que en enero de 2004 yo iba en la autopista de Querétaro y supuestamente había atropellado a una persona, que había muerto.

Por lo tanto, según él, se me podía acusar de homicidio…. Sobra decir que se trata de un infundio. Me lo dijo así, de manera clara y directa, y días después reiteró sus amenazas en otra entrevista que sostuvimos, en presencia de mi abogado Enrique Ostos”.

El Mañana

Anuncios

Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
Esta entrada fue publicada en México y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s