El agua y los votos / Ricardo Alemán

Molestó a tirios y troyanos —a colaboradores del panista José Luis Luege y del perredista Marcelo Ebrard— que en el Itinerario Político del jueves dijéramos que la guerra por el agua en la capital del país es una irresponsabilidad que coquetea con la estupidez.

Enojó que interrogáramos sobre la responsabilidad política, social y ética que tienen Felipe Calderón y Ebrard al convertir la crisis del agua en disputa político-electoral. Y que ante ese gravísimo problema los jefes de los tres órdenes de gobierno que concurren en el DF parecen caciques bananeros, políticos miopes y ciudadanos mezquinos.

Pasada la contingencia, la sicosis que provocó la guerra declarativa, y revisadas las evidencias discursivas de las partes, la conclusión no admite muchas variantes. Seguimos pensando lo mismo: decisiones políticas, militancia partidista de los gobiernos y móviles electorales tienen al valle de México —habitantes del DF y zona conurbada— a merced de los humores partidistas.

Por razones político-electorales, Marcelo no se reúne con el Presidente “espurio”, con quien un estadista debiera acordar soluciones a largo plazo a problemas vitales para el DF, como el abasto de agua y un drenaje eficaz. No sabemos si por instrucciones de Calderón, el director de la Conagua, Luege, parece empeñado en lanzar todas las culpas del agua y del drenaje a Ebrard, quien en los hechos reacciona rápido —atendió de inmediato el drenaje y emprendió programas emergentes de abasto de agua—, pero mantiene el tono discursivo de choque, no sea que su jefe y mesías lo reprenda.

La imagen que queda a los ciudadanos es que la pluralidad en el gobierno —el federal es azul, el local amarillo y el mexiquense tricolor— es sinónimo de ingobernabilidad. Durante años creímos que la pluralidad era la diosa del templo democrático. La terca realidad parece mostrar que el carro completo es mejor. Y es que si no es el agua, será drenaje, transporte, limpieza, vialidades, alumbrado… lo que cada partido ofrecerá a cambio de votos. ¿Estamos o no en manos de la partidocracia?

Lo confirman dos estampas. En la elección de 1997, Carlos Castillo Peraza colocó el agua como prioridad de gobierno. Sin agua, decía, se ahoga cualquier democracia. Los capitalinos le negaron el voto. En 2002, el jefe del GDF, AMLO, intentó construir la más grande unidad habitacional del mundo. No es viable, por falta de agua, le dijeron. A gritos despidió a los técnicos y no habló más con el delegado. El lugar elegido era Iztapalapa. Desde entonces en disputa amarilla.

EN EL CAMINO

Dicen que Hidalgo es el elegido… y que Pemex cambiará de timón. Al tiempo.

http://blogs.eluniversal.com.mx/laotra/

aleman2@prodigy.net.mx

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
Esta entrada fue publicada en Agua, Elecciones 2009, PAN, PRI. Guarda el enlace permanente.

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