¿Sabrán los panistas? / Antonio Navalón

Los partidos que han llegado al poder a través de una evolución-transición son siempre producto de una fusión entre lo que había —normalmente sus enemigos políticos— y lo que ellos quieren cambiar.

El PRI conquistó el poder después de una cruenta guerra civil. El PAN en esta elección parece un partido que llegó al poder luego de una revolución: no tiene pasado ni hipotecas ni de qué arrepentirse. Entre los partidos y el poder pasa como en los matrimonios, según el sacramento católico tan grato a la mayoría de los panistas: juntos en lo bueno y lo malo, en la salud y la enfermedad, para siempre y por siempre jamás. Por eso sorprende que la precampaña del PAN —hecha, suponemos, con conocimiento del presidente Calderón— produzca cuestionamientos fundamentales:

¿Saben que Fernández de Cevallos es panista? ¿Saben que Vicente Fox es panista? ¿Saben que Estrada Cajigal es panista?

Recuerdo el cierre de campaña de Fox: Salinas y los priístas pagarían por el narcotráfico. Y el debate que hubo para hacer una comisión de la verdad. La mayoría del gabinete estaba en contra. Unos, como el ex secretario no panista de Relaciones Exteriores, sí querían un gran juicio popular; no se sabía muy bien contra quién, porque llevado el juicio a lo último, hasta su ilustre padre hubiera podido formar parte de los acusados.

Cuando el presidente Calderón, después de ver aprobadas sus reformas con los votos de los priístas, les da las gracias, sabe que es a quienes hoy su partido acusa de tibieza. ¿Qué espera encontrar en el Senado para sus siguientes reformas aunque ahí no haya elecciones? Calderón está en una lucha contra el narcotráfico reconocida por todos. A su partido sólo se le ve dispuesto a ajustar cuentas a los demás, pero México todavía no sabe en qué consiste su oferta electoral, excepto en la rebelión que tiene contra su pasado inmediato.

Más que el filo de un cuchillo, este es el filo de una punta (de) diamante. ¿Habrá averiguado Calderón si a estas alturas Fernández de Cevallos apoya su lucha contra el narcotráfico?

En esa rueda de la fortuna que es la vida, ¿sabrán en el PAN que en 1988 Salinas fue presidente porque los panistas miraron a otro lado, y que Calderón lo pudo ser porque los priístas también miraron a otro sitio? Más allá de la épica de la historia que siempre redactan los vencedores, la realidad es que estas dos presidencias por omisión casaron al PRI y al PAN en la historia conjunta de los últimos 20 años. Próxima semana: el PRI.

http://www.anonionavalon.com

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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