Los desencuentros con EU / Rafael Cardona

Esta historia la ha contado muchas veces el ex secretario particular del presidente Adolfo López Mateos, Humberto Romero, quien ahora vive retirado en la ciudad de Cuernavaca. A la reunión con Lyndon B. Johnson llegó apresuradamente el estadista mexicano. Las valencianas del pantalón habían perdido el doblez.

—Señor presidente, le advirtió Romero mientras le señalaba las perneras: bájese los pantalones.

— ¿Tan mal está el país, Humberto?

El próximo siete de mayo, precisamente en esa ciudad, Walter Astié Burgos, quien entre 1984 y 1989 fue el segundo hombre en nuestra embajada en Washington, presentará un libro basado en aquella experiencia cuando los desencuentros con el gobierno estadunidense fueron impensablemente profundos, tanto como para ameritar la creación de un puesto insólito hasta entonces: un secretario para asuntos de prensa con autoridad para responderles a los medios en nombre de la embajada. Ese puesto le fue conferido a Leonardo French, quien también estará en Morelos en la presentación del cuarto volumen de Encuentros y desencuentros entre México y Estados Unidos en el siglo XX. Del Porfiriato a la postguerra fría.

Hoy cuando la presencia de Barack Obama en la Casa Blanca llena de esperanza a los ingenuos y los bien intencionados, precisamente en estos días previos a la visita del presidente de Estados Unidos cuya sola majestad va a lograr la solución de nuestros problemas de violencia; lucha contra el narcotráfico; dependencia financiera; participación en maniobras militares conjuntas y demás, vale la pena reflexionar sobre la historia reciente en las espinosas y jamás justas relaciones entre México y el imperio seductor.

En torno de esos años, French en un adelanto de cuánto va a suceder en esa futura presentación, comenta entre otras cosas:

“Entre 1984 y 1989 los dos asuntos que acapararon la atención de la opinión pública en las relaciones entre México y EUA fueron, sin duda, las actividades del Grupo Contadora, tendientes a pacificar la región centroamericana, y el secuestro y asesinato en México, por narcotraficantes y policías cómplices, del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, ocurrido en febrero de de 1995.

“Sin embargo, el principal asunto en esos años… fue sentar las bases para la renegociación de la deuda externa, misma que llegó a su término en 1990, durante el inicio del gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari…

“El embajador de EU en México, John Gavin, cuyo nombre real era John Golenor Pablos, ex-actor hollywoodense e hijo de madre mexicana, pensó ingenuamente que, tras haber sido unos años antes presidente de la Asociación de Actores Estadunidenses (U.S. Actors Guild) podría seguir la carrera de su predecesor Ronald Reagan. Así esperaría que, después de su nefasta gestión al frente de la Embajada de EU en nuestro país, pudiera aspirar a una senaduría por California, o a convertirse en representante permanente de EU ante la ONU, para seguir soñando con la posibilidad de llegar hasta la presidencia de su país, a imagen y semejanza de Ronald Reagan.

“John Gavin despreciaba a México y a los periodistas mexicanos a tal grado que, en una de sus conferencias de prensa, cuando fue increpado por algún reportero mexicano de por qué odiaba tanto a nuestro país, siendo hijo de madre mexicana, él respondió:

-Usted se equivoca. Mi madre no es mexicana. Mi madre es de Sonora…

“¿Sugería acaso una posible secesión, habida cuenta de sus encuentros secretos en Hermosillo con el obispo de esa ciudad y con Adalberto Rosas, el derrotado candidato del PAN en 1985 al gobierno de ese estado?

“Otra muestra de la actitud hostil de Gavin contra nuestro país fue la iniciativa que promovió, con éxito, ante el Departamento de Estado de su país, para que se confiscaran todos los automóviles de diplomáticos y cónsules mexicanos comisionados en EU, que no correspondieran a alguno de los modelos de vehículos que se armaban y producían en ese entonces en nuestro país.

“El problema se originó porque el embajador Gavin quería disponer de un automóvil Rolls-Royce o de un Bentley o de un Ferrari cuya circulación, en esos años, no estaba permitida en México. La gestión de Gavin repercutió en los bolsillos y en los ahorros de los miembros individuales del Servicio Exterior Mexicano (SEM), pues hubo necesidad de malbaratar los autos de que disponíamos y adquirir otros similares a los que se producían o armaban en nuestro país.

“Se calcula que ‘la gracejada’ de Gavin nos costó a los miembros del SEM cerca de un millón de dólares, pues tuvimos que deshacernos de cerca de mil automóviles, perdiendo un promedio de mil dólares por unidad. John Gavin, paradójicamente, terminó como empleado de Emilio Azcárraga Milmo, como gerente de ‘la marina’, que este último fundó en los muelles de Nueva York…”

Interesante será sin duda le lectura del libro de Astié, complementado con los comentarios de Leonardo French.

racarsa@hotmail.com

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
Esta entrada fue publicada en México, USA. Guarda el enlace permanente.

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