PRD: partidos y responsabilidad / Antonio Navalón

¿Será que Don Antonio tiene razón? Lo dudo un poco. La R. pirata

El 5 de julio de 2009, los partidos políticos querrán que México vote por ellos. Éste es el momento de preparar el menú y la oferta, lo que está pasando no nos permite ser optimistas.
Y si es verdad aquello de “por sus obras los conoceréis”, empezando por el segundo partido en representación, en las cámaras, el Partido de la Revolución Democrática (el PRD), se puede decir que el panorama es sorprendente.

Sólo hace falta observar lo hasta ahora sucedido y que tras su proceso electoral interno arroja la siguiente conclusión. En primer lugar, el PRD tuvo la oportunidad de reafirmar que era capaz de modernizarse y vincularse a la sociedad civil. Pudo, también, haberse abierto y convertido en el Partido del Nuevo Testamento; sin embargo, prefirió seguir jugando a serle fiel al dios Andrés Manuel López Obrador, que es como el dios del viejo Testamento: celoso y vengativo, aunque ese dios se divierta demostrándoles a los perredistas, una y otra vez, que no son dignos de él.

Es lamentable que en la lucha entre lo pequeño y lo grande, lo local y lo nacional, haya ganado una vez más lo pequeño.

Los dirigentes del PRD parecen no darse cuenta de tener dos contradicciones y una realidad. Su primera contradicción es que pierden demasiado tiempo en tratar de convencerse, a sí mismos, que verdaderamente son legales. La segunda es que, hagan lo que hagan, su pecado original nunca será lavado frente al dios López Obrador.

Lo único real que tiene el PRD, al menos todavía, es el poder y la representación de un gobierno que se hace por y desde los votos que le dieron, para dirigir el DF, que es la cara, el espejo y el pulso de México.

Hasta el año 2012 serán evidentes las consecuencias y se sabrá cuántos votos fueron para el bondadoso experimento sociológico de López Obrador, cuántos para el fracaso político del Partido de la Revolución Democrática y cuántos para el buen gobernante (y tal vez…) Marcelo Ebrard.

Pero mientras tanto, lo único cierto es que Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal, está solo, la sociedad se quedó sin partido y Andrés Manuel López Obrador tendrá no uno, sino dos frentes a los cuales darle la cara para conseguir lo que desea —que para nuestra desgracia—, no es precisamente ganar para hacer la política que a usted y a mí nos convenga, aunque no nos guste o no sea la que hayamos votado, sino simplemente para tener la razón.

Próxima semana… el PAN.

www.anonionavalon.com

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
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