¿Cómo vamos en las elecciones? / Liébano Sáenz

Una de las inquietudes recurrentes en el sector político es el estado actual de las preferencias con miras a la elección próxima de julio. La incertidumbre es propia de la democracia; las libertades, su premisa. En ejercicio de éstas, los partidos disputan el voto, con el problema, nada menor, del carácter restrictivo en materia de la libertad de expresión a que nos condujeron las leyes emanadas de la reciente reforma electoral. Uno de los temas más relevantes en estos momentos es si la estrategia de Germán Martínez, dirigente nacional del PAN, está cumpliendo su cometido. Las encuestas se publican y los comentarios proliferan; también se divulgan conclusiones precipitadas por evidencias que debieran incorporar un examen más riguroso.

El centralismo es uno de nuestros signos negativos. No sólo es económico, administrativo y político, también es conceptual. En la perspectiva electoral, propicia confusión, tal es el caso de la equivocada creencia de que una elección a mitad de administración es semejante a una nacional. Me explico: la elección intermedia, de diputados federales y de once elecciones concurrentes, son la suma de muchas dinámicas de carácter local. Una elección presidencial es nacional y en buena parte centralista; los candidatos presidenciales, en lo positivo y en lo negativo, trastocan las dinámicas locales. La intermedia es distinta; para aproximarse al resultado se requiere un conocimiento respecto a lo que sucede en lo local y la manera como allí se generan los votos, más que un valor agregado nacional, como lo hacen muchas de las encuestas publicadas.

A diferencia del dicho de muchos de los observadores políticos, a mí me parece que la estrategia del dirigente del PAN no está dando los resultados que se le abonan. Son dos las consideraciones: por una parte, los supuestos giros en las preferencias —discutibles— no se pueden acreditar a un aspecto visible, por más importante que parezca, si no hay una respuesta que claramente lo vincule. El tema de la inseguridad y del narcotráfico es de mucho impacto y los señalamientos del dirigente del PAN hacia el PRI han sido muy directos, pero no todo llega a la población y para muchos ni siquiera es creíble. En términos de preferencias hay más consistencia de la que se asume y los cambios son lentos y graduales, aunque pueden darse casos excepcionales.

En el gobierno de Ernesto Zedillo, la peor caída en la aprobación y calificación de desempeño ocurrió no por eventos relacionados con la economía o los de acciones de gobierno —que fueron de mucho impacto— o eventos penosos o bochornosos, como pueden ocurrir a lo largo de un sexenio. El mayor impacto negativo se presentó con motivo del homicidio del conductor de televisión Francisco Stanley; la medición arrojó números verdaderamente preocupantes.

Las preferencias en el nivel local se construyen a partir de hechos creíbles y con impacto en ese mismo espacio. Posiblemente las declaraciones del dirigente del PAN hayan tenido algún efecto en las opiniones hacia el PRI —estimo circunstancial—, según revela la respuesta a una pregunta planteada con un nivel de generalidad como es la intención de voto por un partido, pero es pertinente cuestionarnos si en el Estado de México y el DF (que representarán una tercera parte de los votos), en Nuevo León o Sonora —que habrán de elegir gobernador— ¿ha tenido un efecto a considerar la estrategia mediática de Germán Martínez? No, no es el caso, ya que eso se resuelve preguntando preferencia por el candidato en contienda, no sólo por el partido.

Los medios de comunicación, los espacios de reflexión o las mismas cámaras federales se ven sacudidos por este debate. Es evidente que sí hay efectos políticos, muchos exacerbados por la falsa creencia de que tales acciones están dando resultado electoral. La polarización entre autoridades y legisladores es nociva y al partido agresivo le puede perjudicar electoralmente si el Tribunal o el IFE reprenden al infractor, más si es el que gobierna. La cuestión no es para trivializar y debe tenerse presente que la libertad de expresión, incluso su abuso o exceso, es parte de la cotidianidad de una sociedad libre y abierta. Por cierto, la sanción más efectiva no proviene de órganos de autoridad o jueces, sino de la misma sociedad.

Una aproximación sobre los comicios intermedios y su desenlace, requiere considerar el nivel local, y también es necesario medir ese ámbito para definir la fórmula de integración de la Cámara; el porcentaje de los votos a escala nacional nos permite conocer la asignación de los doscientos diputados, pero hay trescientos que son electos por mayoría relativa en cada distrito.

Más que los resultados de encuestas nacionales y las conclusiones sobre los efectos de una estrategia mediática, es preciso tener presente la identidad de quienes sí van a votar, interrogante que ahora se complica por el eventual impacto de la campaña en radio y tv, que alcanza niveles de saturación sobre los cuales no tenemos experiencia reciente. A tres meses de la elección, más de la mitad de los electores conocen la fecha de la elección —aspecto que se supone asociado a la participación electoral—, pero no se sabe con certeza cuántos y quiénes votarán.

Otro aspecto que debe tenerse presente es que la participación es considerablemente mayor (casi en 20 puntos) en los estados con elecciones locales coincidentes, datos que, normalmente, no se discriminan en los levantamientos de encuesta. Seguramente en el DF la participación será del doble de la de Baja California; en Nuevo León votará más de 55 por ciento del listado y en Coahuila muy probablemente 40.

Lo anterior ratifica la tesis de que las elecciones intermedias son, fundamentalmente, el agregado o la suma de las realidades político electorales de los estados y el DF. El centralismo no sólo tiene que ver con la política o la economía, también ocurre por la incapacidad de entendernos y asumirnos en la diversidad territorial que integramos y representamos. ¿Cómo van las elecciones? Más allá de los gritos y sombrerazos, para responder hay que dar una vista al país, sus circunscripciones, sus regiones, sus estados y municipios.

Publicado en Milenio y en el blog del autor

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
Esta entrada fue publicada en Elecciones 2009, Liébano Sáenz. Guarda el enlace permanente.

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