“Las ocho erres del PRI” / Liébano Sáenz

En la proximidad del proceso electoral, desde el Senado, la bancada priísta ha anticipado que someterá para su aprobación en el Congreso, lo que pomposamente ha dado en llamar “Las ocho erres del PRI”, propuestas interesantes -por decir lo menos -, tales como Ratificación del gabinete; Reducción del Congreso; Reelección legislativa y municipal; Reorganización del gobierno federal; Referéndum en reformas constitucionales; Revocación de mandato -sí, leyó usted bien, revocación de mandato –; Rendición de cuentas y Regulación económica moderna. En suma, la bancada del PRI en el Senado pretende reorganizar al gobierno federal a modo de su particular interés. Por su parte, el Ejecutivo anuncia que enviará al Congreso una serie de iniciativas con el propósito de ampliar el margen de maniobra de su gobierno frente a la crisis económica.

Si no imagináramos la verdadera intencionalidad de la propuesta de la bancada del PRI en el Senado, hasta podríamos concluir que es positivo que se haga del cambio estructural tema central en el debate. Pero, seamos serios, tenemos que advertir que es preciso dejar al margen el populismo de tal propuesta, populismo miserablemente presente, que consiste en ofrecer, a sabiendas, lo que ni se puede se quiere cumplir. Algunas de estas iniciativas, lo sabe quien las plantea, serían contraproducentes para la vida institucional del país. Y es que hay que remitirse a la historia reciente, hasta ahora, las condiciones establecidas por la oposición en el Congreso han dejado degradado mucho de lo propuesto; de hecho, tres grandes reformas han sido ostensiblemente mutiladas en su contenido y alcance: la fiscal, la energética y la electoral.

Debilitar a la Presidencia aún más, como pretende la propuesta de la bancada priísta del Senado, no es la ruta al futuro, aunque sí pudiera resultar muy atractiva para quienes ahora están en la oposición y se saben alejados en lo personal o en lo político de dicha posibilidad. Quitar al Presidente la libertad en la designación de sus colaboradores puede ser la puerta grande al desastre, sobre todo si van a ser las presiones de grupos en el Congreso las que determinen las designaciones. Reducir el número de legisladores es un tema menor respecto a cómo asegurar que éstos sean efectivamente representativos de sus electores y también responsables de las decisiones que toman. La reelección consecutiva plantea problemas que requieren un debate a mayor profundidad sobre la naturaleza del sistema de representación para evitar confusiones y las tendencias oligárquicas en este cambio.  Los expedientes de democracia directa son útiles, pero su empleo debe ser excepcional o complementario para no debilitar la mejor forma de democracia existente: la representativa.

La prioridad no debiera ser la disputa política por el poder del Estado, el tema a resolver es que frente a la crisis deben efectuarse cambios legales para hacer más competitivo al país en una realidad global. Es el crecimiento económico el camino a la justicia social y a una mayor igualdad. En el pasado reciente, el gran volumen de flujos de capital externo se derivaron de dos fuentes sobre las que no puede ni debe apuntalarse en el largo plazo una economía exitosa: elevados precios del petróleo y cuantiosas remesas de dólares por los residentes mexicanos en el extranjero. Deben retomarse la reforma laboral, la hacendaria y la energética, además de hacer severas correcciones a la reforma electoral y plantear una reforma educativa que incorpore las demandas futuras del país, la revolución tecnológica en curso y el interés de los padres de familia y maestros.

En el ámbito de la política es urgente la reforma del Congreso para aproximar y alinear a los legisladores con los intereses de la sociedad que representan, así como para facilitar la rendición de cuentas y la transparencia en los cuantiosos recursos que las fracciones parlamentarias se destinan a sí mismas. Al Ejecutivo se le han impuesto límites y restricciones; la Suprema Corte de Justicia de la Nación vivió su reforma estructural desde hace más de 14 años. Sin embargo, hoy, que el Congreso tiene más poder que nunca, pues allí se definen y resuelven los asuntos más relevantes del país, no ha merecido que sus propios integrantes se den el tiempo y la determinación para renovar el quehacer legislativo. Preocupa que esos mismos legisladores ahora pretendan introducir la reelección consecutiva y ratificarle sus nombramientos al Presidente.

Otra de las reformas inaplazables es la del sistema de partidos políticos. El país no contará con buenos políticos si sus organizaciones políticas no se transforman, se modernizan y se transparentan. La reforma electoral de 2007 representó un retroceso en la renovación de la política. No obstante el cambio que ha habido en el país y en los procesos electorales, hoy los partidos no son mejores, incluso en varios aspectos algunos de ellos han involucionado. Lo peor es que la reforma electoral reciente, estableció una suerte de cerco para impedir que el IFE y el Tribunal Electoral actúen; la modificación se hizo bajo la idea equivocada de que los temas internos (selección de candidatos y dirigencia, legalidad y sistema para dirimir diferencias) deben ser resueltos sin intervención directa de la autoridad electoral o judicial.

Finalmente, la reforma a la Presidencia es fundamental. Se han logrado avances, pero son modestos a la magnitud del desafío. Se necesita crear la ley de la Presidencia y que la preparación del Presupuesto tenga lugar en una unidad especializada de la Presidencia y no en una dependencia del gabinete, como ocurre actualmente. Se le deben dar mayores facultades al Presidente en materia de veto y hacer realidad la reforma pospuesta por falta de quórum (desgraciadamente fueron diputados panistas los que con su ausencia indolente evitaron que esto ocurriera), para que ciertas iniciativas del Presidente puedan atenderse de manera preferente y dictaminarse con un sentido de premura o urgencia que no sacrifique su adecuado estudio y debate por la representación nacional.

Retomar la agenda del cambio es una de las necesidades más apremiantes del México de hoy día; la contienda de 2009 debe representar un nuevo punto de partida que dé fuerza a la gran transformación pendiente; no sólo es el futuro lo que está de por medio, también para el presente es urgente tomar en serio y sin mezquindad las reformas que urgen.

Publicado en Milenio Diario y en el blog Paralaje del autor

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Acerca de Leo Agusto

Periodista mexicano en el papel de columnista político.
Esta entrada fue publicada en Elecciones 2009, IFE, Liébano Sáenz, PRI. Guarda el enlace permanente.

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