La Delegación Tlalpan no sólo tolera y fomenta los giros negros en la demarcación, que ya llegan a 22, probablemente porque obtiene un dividendo de su operación. También compite con ellos. Sus pachangotas de tres días de duración (con descansos de 3 de la mañana a 11 del día siguiente) aprovechando la amplia explanada de estacionamiento público del Bosque e Tlalpan (sobre la que se siente con derecho y autoridad para convertir en lo que llama “un conciertódromo” Ollin Kan) no son otra cosa que un giro negro libre para operar sin permisos, ni licencias, ni instalaciones santarias, de protección civil ni seguridad pública. Son un verdadero “giro negro oficial”, ¡valga la contradicción! El secretario general de cultura de Tlalpan, Sr. José Luis Cruz Antonio, transfiere a dos empresas privadas, sin concurso de pro medio, cientos de miles de pesos de fondos públicos para que organicen las tocadas. (Hay copias de todas facturas probatorias). La Dirección de Ecología les “presta” el Bosque de Tlalpan, contraviniendo las normas que rigen para un Área Natural Protegida. La Dirección Jurídica se hace ojo de hormiga, pese a que los organizadores no han presentado las solicitudes obligatorias para obtención de permisos, licencias para vender bebidas alcohólicas, suficiencia de estacionamientos, ni condiciones de protección civil y seguridad pública. De hecho, se cuenta con una grabación de audio en la que el propio José Luis Cruz Antonio reconoce que no cuenta con licencias para venta de alcohol ni permisos para realizar espectáculos públicos, y se mofa de los vecinos que piden verlos. ¡¿Cómo podemos esperar que controle los giros negros una administración pública que se une a ellos para agrandar y cortejar a sus clientelas electoreras?
Atentamente,
Carolina Fernández







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