El papel de Marcelo Ebrard / Carlos Marín
Antes de leer a Marín, comento. Desde este punto de vista se demuestra que Andrés Manuel no es tan legítimo ni Calderón es tan espurio, de hecho nada espurio. Sigamos, pues.
Milenio.-La tragedia del viernes en un antro de la Ciudad de México reactiva el síndrome de Tláhuac (aquel miserable linchamiento “popular” de dos agentes federales) y el cese presidencial (Vicente Fox) del entonces secretario de Seguridad Pública, Marcelo Ebrard.
Felipe Calderón tiene hoy la ingrata oportunidad de incidir para bien o para mal en el destino tanto del secretario actual de Seguridad Pública, Joel Ortega, como del procurador general de Justicia del DF, Rodolfo Félix Cárdenas.
Ambos funcionarios tienen a su cargo la responsabilidad de operativos conjuntos (con policías preventivos y judiciales), como el que resultó fatal para las víctimas y deudos, y los dos (Ortega por su actuación y Félix con la investigación) están en manos de quien por ley es su jefe mayor: el Presidente de la República.
No para ellos, sino sobre todo para él y su gobierno, lo mejor será que Calderón se quede como dijo ayer, “atento” al caso, y permita que el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, haga su chamba sin intromisiones.





