Círculos rojo y verde / José Antonio Crespo

Excélsior De pronto se percibe un vuelco entre los analistas y los opinadores (el llamado “círculo rojo”) desfavorable a Felipe Calderón. No son todos, desde luego. El poder —emanado de cualquier partido— se encarga de contar siempre con algunos leales. Pero sí hay un viraje en la corriente de opinión de los opinadores, que sienten que a Calderón se le están enredando las cosas. Pese a todo, en las encuestas de popularidad no le va nada mal. Lo que nos lleva a reflexionar sobre la compleja relación entre el “círculo rojo” (que forma y emite opinión desde medios de comunicación y otros foros) y el “círculo verde” (que recibe y “consume” dichas opiniones e interpretaciones). Mucho se ha estudiado acerca de la compleja relación entre estos dos círculos, y de éstos frente a los gobernantes.

El caso es que parece haber una fuerte disociación entre las percepciones del círculo rojo y del verde con respecto al gobierno calderonista. ¿Quién tiene la razón? ¿El círculo rojo, que dispone de mayor información pública y a veces confidencial, o el verde, que puede evaluar a un gobierno a través de indicadores menos sofisticados y rebuscados, pero más vinculados con su vida diaria? Podrían tener ambos cierta razón, al captar ángulos distintos de la misma realidad. El caso es que algunos gobernantes desprecian a uno u otro de esos círculos (los más hábiles tratan de cultivar una buena imagen en ambos, dirigiéndose a cada uno de ellos en sus propios términos). Si a Calderón le importa más el círculo verde —como parece ser el caso— puede despreocuparse de lo que piense el rojo, al tener buena imagen en el primero. Eso mismo sucedió con Vicente Fox. Pero hay que recordar, inicialmente, que la alta popularidad que mantuvo Fox durante todo su sexenio lo era más por motivos de simpatía personal que de desempeño. Al desglosar esas encuestas en esos dos componentes, entonces el Presidente no salía tan bien parado. Por ejemplo, en 2005, Fox tenía una calificación de 6.8. Pero, de 2000 a 2005, quienes creían que Fox tenía suficiente experiencia pasaron de 60 a 26%; liderazgo para dirigir al país, de 69 a 25%; capacidad para resolver los problemas, de 66 a 28%; cercanía con la gente, de 71 a 42%; honradez, de 61 a 35%; preocupación por los pobres, de 64 a 34%. Su credibilidad cayó de 69 a 40% en el mismo lapso (Mitofsky, Dic/2005). Es decir, la calificación, en sí misma, no dice gran cosa. Tiene que revisarse cada uno de los componentes del desempeño.

Por otro lado, en un interesante ensayo publicado en Letras Libres este mes, Jorge Castañeda analiza la difícil relación entre Fox y la intelectualidad (en donde incluye a comunicadores, columnistas y analistas, es decir, el “círculo rojo”). Despliega varias posibles razones de tan tirante relación. Y se refiere también a la teoría de la influencia del círculo rojo sobre el verde. Dice que Fox “no oía ni veía” al círculo rojo, “no sólo debido a su diminuta dimensión (uno entre cien millones), sino también por su falta de ascendencia sobre el círculo verde”, el único que contaba para Fox. En el verde concentraba Fox su esfuerzo de comunicación, con buenos resultados (pero más aparentes que reales, según vimos). Sin embargo, afirma Castañeda: “Fox se equivocó en un aspecto decisivo: la historia la escriben los miembros del círculo rojo, y en particular los historiadores, periodistas, analistas, ensayistas, etc. Su visión del sexenio sí influye en el círculo verde, y puede terminar por definirlo, con el tiempo… Fox no retuvo los niveles de aceptación de diciembre de 2006, en buena medida por esto”. Y es que, señala Castañeda, esos círculos (el rojo y el verde) no son estancos separados: tienen conexión a través de los medios masivos de comunicación: “Un asunto de círculo rojo comienza en la prensa de la mañana; pasa de los periódicos a los noticieros de radio matutinos; si tiene piernas, rebota a los de mediodía y de la tarde, para aterrizar en la televisión a las diez de la noche, donde, si no es controlado antes, ya penetra en el círculo verde”. Y como la visión que tenía el círculo rojo con respecto a Fox nunca fue muy buena, por diversas razones (pero una que no menciona Castañeda fue la claudicación foxista a la democracia), entonces, a final de cuentas, eso sí terminó afectando su imagen pública.

A Calderón podría ocurrirle otro tanto. Y no se trata de que busque y adule al círculo rojo o se esfuerce demasiado por convencerlo de que las cosas no le van tan mal. Pero si ahí empieza a prevalecer la idea de que está perdiendo el control de la situación, en algún momento el círculo verde podría “contagiarse” de esa percepción (pese a mantener una buena imagen general, como ocurrió con Fox). Desde luego, si bien en política la percepción importa, porque a veces ésta puede imponerse sobre la realidad o incluso modelarla en alguna medida, lo verdaderamente importante no es tanto qué piense el público (de cualquier círculo) sobre el desempeño de Calderón, sino que éste cuente con la estrategia y la asesoría adecuadas para conducir eficazmente el gobierno. Y es ahí también donde muchos ven problemas: el equipo de Calderón no ha demostrado ser particularmente perspicaz políticamente. En el PAN no sobran los cuadros hábiles y expertos, como sí ocurre en el PRI (y, en menor medida, en el PRD). Y, segundo, Calderón se empieza a rodear cada vez más de sus muy cercanos, sus leales que, como decía Maquiavelo, más que ser eficaces transmisores de la realidad, constituyen una pared que aleja al gobernante de ella, al volverlo políticamente miope. Paradójicamente, la forma de romper ese cerco —una recomendación también del florentino— es escuchar las opiniones de los críticos y de los disidentes, justo lo que menos les gusta hacer a quienes detentan el poder.

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Acerca de Leo Agusto

Una visión de los puntos finos en el día a día de la política mexicana. Según diversos autores con lugares privilegiados dentro de la arena política mexicana.
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