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El legado de Salinas

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Pablo Trejo en Rumbo de México

Apostando a la desmemoria de los mexicanos, Salinas regresó, vuelve a las andadas y presenta su nuevo libro “La década pérdida” donde ofrece su diagnóstico de la situación del país: el desastre de la economía, la sociedad, la política, la moral, y aprovecha para hacer una abierta crítica a los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y López Obrador, calificándolos a los primeros de “neoliberales” y al último como “populista”.

Hace más de quince años, Salinas llegó a la presidencia en medio del escándalo, de un evidente fraude electoral; durante su gobierno, el futuro que se nos presentaba era aparentemente promisorio, abarcaba cuando menos una imagen sólida de la economía, el poder adquisitivo en algo se había recuperado, la inflación estaba contenida y había crecimiento de las inversiones.

Pero esta breve prosperidad tenía su base fundamentalmente en dos factores artificiales: la sobreestimación del valor de la moneda, esto es, que de manera artificial se mantenía el tipo de cambio peso–dólar por encima de su valor real, y en el otorgamiento de créditos a mediano y largo plazo para el consumo, créditos para automóviles, vivienda y en algunos casos para financiar la expansión de pequeñas y medianas empresas.

Como contraparte, las exportaciones se debilitaron alarmantemente; era indispensable revisar el tipo de cambio, esto significaba devaluar la moneda, pero toda vez que se acercaba el proceso electoral de 1994, el gobierno optó por mantener el espejismo de la prosperidad y posponer estas medidas hasta que la economía no aguantara más, lo cual sucedió entre diciembre de 1994 y los primeros meses de 1995, con el famoso y conocido “error de diciembre”.

La prosperidad del último trienio de Salinas, no fue otra cosa que una expansión coyuntural del consumo, basada en el crédito bancario, cuyos efectos en el crecimiento de la producción fueron mínimos, toda vez que la apertura indiscriminada del mercado externo y la sobrevalorización del tipo de cambio, hicieron que la demanda de productos se reforzara con un crecimiento explosivo de las importaciones. El crédito bancario sólo sirvió para beneficiar a otros países, que desde entonces exportan a México artículos de consumo de dudosa calidad.

La crisis de diciembre de 1994 e inicios del 95, durante el primer año de gobierno de Zedillo, tuvo como origen una serie de políticas irresponsables aplicadas en los últimos dos años de Salinas y que tenían como objetivo presentar ante la ciudadanía la falsa apariencia de prosperidad económica, con la finalidad de propiciar el triunfo del PRI en las elecciones de 1994, de tal suerte que pasadas éstas, la economía no soportó las tensiones de la falsa bonanza y se generó una de las crisis más profundas de que se tenga memoria, que provocó la bancarrota de miles de pequeñas empresas, la insolvencia de millones de deudores de la banca y el crecimiento cero de la economía. La intervención del Estado se dio para rescatar el sistema bancario y cargar el costo de este rescate a las finanzas públicas.

Es curioso que mientras para la mayoría de los mexicanos, estos acontecimientos afectaron gravemente su nivel de vida y su patrimonio, para un pequeño grupo de privilegiados, les permitió tener la oportunidad de multiplicar sus fortunas, la mayoría de la población no sólo perdió su patrimonio y heredó deudas cuantiosas, sino que además pagó con sus impuestos el rescate bancario, el famoso Fobaproa, hoy IPAB, mientras que otros, se enriquecieron durante la crisis y reciben puntualmente el pago de los intereses que genera la deuda que el Estado absorbió para salvar a los bancos.

Los efectos sociales fueron más terribles, ya que en esos años se detonó el crecimiento de la delincuencia en todas sus formas y con ello, el incremento de la inseguridad pública. Muchos de los adolescentes de la crisis, hoy son pistoleros al servicio de los cárteles de la droga, son también los que saturan las cárceles del país, la llamada generación de la crisis.

En lo político, en 1996, el PRI fue derrotado en la primer elección para Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y años más tarde, en el 2000 el PRI fue echado de Los Pinos.

Los privilegiados hombres de negocios, que fueron cómplices de la crisis y al mismo tiempo sus únicos beneficiarios, siguen ahí atrás del poder, el PRI salió de Los Pinos, pero ellos los dueños de los grandes capitales siguen dando órdenes, antes a Salinas, Zedillo, Fox y hoy a Calderón.

Con su reaparición, justo ahora que inicia del debate sobre el futuro de Pemex y el petróleo, Salinas apuesta a la desmemoria colectiva, pretende borrar de nuestra mente que parte del desastre que ahora vive nuestro país, se lo debemos a él y a las reformas estructurales instituidas en su gobierno, apuesta a que los mexicanos olvidemos su legado.

*Diputado Federal en la LX Legislatura

Written by Información Política Confidencial

Mayo 9, 2008 a 6:28 pm

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