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Carestía

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Ricardo Monreal Avila

OEM – Martes 6 de Mayo de 2008.

La canasta básica se integra con poco más de 80 bienes y servicios considerados indispensables para que una familia satisfaga sus necesidades de consumo a partir de su ingreso.

Estos bienes se agrupan en ocho rubros: 1) alimentos, bebidas y tabaco; 2) ropa, calzado y accesorios; 3) vivienda; 4) muebles, aparatos y accesorios domésticos; 5) salud y cuidado personal; 6) transporte; 7) educación y esparcimiento; 8) otros servicios.

Pues bien, de estos rubros el más importante es, por supuesto, el de alimentos, bebidas y tabaco. En los últimos doce meses (de abril de 2007 a abril de 2008) los precios de los ingredientes básicos se han incrementado de manera alarmante.

Así han aumentado los productos alimenticios: jitomate, 86 por ciento; aceite, 85 por ciento; harina de trigo, 59 por ciento; manteca, 38 por ciento; arroz, 33 por ciento; huevo, 31 por ciento; pastas, 19 por ciento; pollo, 12 por ciento; pan blanco, 12 por ciento; leche, 11 por ciento; pan dulce, 10 por ciento; carne de res, 10 por ciento; refresco, 8 por ciento; café, 6 por ciento; frijol, 4 por ciento; tortilla, 3 por ciento.

Estos aumentos rebasan diez y hasta quince veces la inflación estimada (y maquillada) del Banco de México de 4.53 por ciento y los aumentos irrisorios de 4 a 6 por ciento de los salarios de trabajadores y empleados.

Carestía es, con mucho, el problema que enfrentan actualmente las familias mexicanas, y se antepone ya a los problemas “macro” como el desempleo, la inseguridad y la educación percibidos por la mayoría de los ciudadanos de manera persistente.

Carestía es también la nueva realidad mexicana que está golpeando la popularidad y aceptación del actual Gobierno, que ve caer sus índices de manera proporcionalmente directa a la subida de los precios de la dieta nacional. Es una relación clara y directa: sube la tortilla, baja el PAN.

La carestía de los alimentos no sólo golpea la economía de las familias mexicanas, especialmente las de menores recursos, que destinan hasta el 60 por ciento de sus ingresos al primer rubro de la canasta básica. Golpea también a las finanzas públicas, que se empieza a comer literalmente los excedentes petroleros y desequilibra la balanza comercial. En efecto, en 2007 se destinaron 5 mil millones de dólares a la importación de 127 alimentos e insumos agropecuarios, mientras que los excedentes petroleros fueron de 4 mil 452 millones de dólares.

La carestía está lejos de ser un problema coyuntural o una simple “burbuja inflacionaria”. Es un problema que apenas empieza y se estima que para el mes de septiembre habría situaciones de desabasto y racionamiento de alimentos no registradas en las últimas dos décadas.

Se responsabiliza de la carestía al cambio climático (sequías prolongadas en regiones productoras de alimentos, como Australia), al crecimiento exponencial de las clases medias en China y la India, y a la demanda de biocombustibles. Todo eso es cierto. Pero en nuestro país hay un agravante inocultable: el abandono del campo por parte de los sucesivos gobiernos del PRI y el PAN, a quienes no les dice nada la soberanía alimentaria ni el fortalecimiento de los productores del campo. ¿Con qué se come eso?

ricardo_monreal_avila@yahoo.com.mx

Written by Información Política Confidencial

Mayo 6, 2008 a 3:42 pm

Una respuesta

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