El más reciente y vulgar engaño de Carlos Salinas, su libro “La Década Perdida”
Gustavo Rentería en Rumbo de México
Acepté la invitación de un conocido poblano, en respuesta a lo que el denominó un favor concedido. No fue nada, pero el insistió en llevarme a comer. Quería halagarme y lo consiguió con creces.
Me citó hace unos meses en el Suntory de Las Lomas de Chapultpec. Llegué cuando ya le habían asignado la mesa, ya que yo me trasladé desde el sur de la ciudad, en medio de un tráfico infernal. Como el que padecemos casi a diario.
Al entrar al conocido restaurante de comida japonesa, saludé en el bar a un par de respetados empresarios de la comunicación, y todos al despedirnos solicitamos enviar saludos respetuosos a nuestras casas.
La amable recepcionista me llevó hasta donde se encontraba mi anfitrión, quien ya bebía un trago. Estaba a la mitad. El capitán, amablemente me invitó uno y acepté rápidamente.
Antes de que llegara la copa que había ordenado, y que respondiera como me iba y además describiera el vía crucis que significa movilizarse en el Distrito Federal, un hombre con pelo cano se acercó a nuestro mesa.
El señor Rentería, preguntó. Respondí, por mera cortesía, a sus órdnenes. Mi cuate puso cara de pocos amigos, pero también se puso de pie.
Quien nos había interrumpido, me imagino, tenía ya su discurso muy bien pensando, o quizás se sabe expresar muy bien; lo desconozco, porque nunca lo había saludado de mano.
Me dijo viéndome a los ojos, algo así como, le agradezco en el alma que siempre haya leído al aire mis cartas que escribí en la cárcel. También escuché con atención sus opiniones que vertía después de leerlas, y muchas veces no estuve de acuerdo con usted, pero me permití acercarme para decirle que fue de los pocos que se atrevió a darle lectura a lo que yo escribí en mi cautiverio.
Le respondí que me parecía periodísticamente importante y que por eso le había dado salida. Nos despedimos y al sentarnos de nuevo, el poblano, no pudo pronunciar palabra alguna. Y llegó mi whiskey.
Ya había visto a Raúl Salinas después de que dejó las mazmorras. Fue en Acapulco, horas después de su liberación. Vestía todo de lino blanco, y llevaba el cabello muy bien recortado. Fue en una boda. Obviamente todos los convidados cuchicheaban que ahí estaba el ex reo.
Su hermano para muchos es el villano favorito. Algunos hasta le conceden el lugar, nada honroso, que ocupó por muchos años el traidor Huerta. Cuando se habla del analfabeta de Vicente Fox, algunos salen en su defensa diciendo que “fue menos rata que el orejón.”
Y sin defender al esposo de la señora Martha, millones coincidimos en que el sexenio de los homicidios políticos y el desborde la corrupción lo encabezó el nacido en Agualeguas, Nuevo León.
Durante su administración se vendieron prácticamente todos los activos del gobierno, tal y como lo ordenaban, los bancos internacionales y los organismos globales. El argumento era que la autoridad debería ser la rectora, y nunca más administradora.
Remataron trenes, carreteras, aseguradoras, la televisión, bancos, la telefónica, tierras, factorías y empresas rentables. También chatarras y negocios quebrados.
Fue el tope del poder priísta, donde los funcionarios sin pudor, combinaban sus intereses familiares con sus puestos públicos; las oficinas gubernamentales, ya no eran sitios de gestión ciudadana, sino bunkers para atender a los amigos cercanos al poder.
En los medios, se engañaba al mismo tiempo con millones de spots al gobernado, con aquello de Solidaridad. ¡Pamplinas! No era más que una tomadura de pelo y una estrategia manufacturada por los ideólogos de la guerra, que ya habían comprobado que las mentiras repetidas millones de veces se convierten en verdad.
Por eso no podemos permitirle a Carlos Salinas que venga a toro pasado a criticar a los populistas, cuando su vomitivo sexenio fue la escuela perfecta.
En unos días empezará a circular el más reciente texto del hermano, “del hermano incómodo”, con el título de Neoliberalismo y Populismo en México, La Década Perdida. En el prólogo se explica que es una especie de continuación de su México, un paso difícil a la Modernidad, que recopiló mañosamente su actividad gubernamental.
El nuevo libro, habla del pasado reciente y centra sus críticas a Ernesto Zedillo y a López Obrador. Del ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal asegura que por su ejercicio en el gobierno de la capital de la República, se asemeja más a los rasgos del populismo de América Latina posterior a ella, similar al que se ha catalogado como antiguo y que algunos autores llaman, en su reedición actual, “populitos”. Muy parecido al “populismo barato”, como se le llamó, a finales del siglo XX en Rusia, a la expresión más retrógrada y abusiva del populismo. También se ha escrito que “en boca de Gorvachov, la palabra populista significa demagogo”.
¡Carlos Salinas de Gortari, criticando al Peje por su modelo populista! ¿Qué acaso cree el señalado por la sociedad, como el asesino intelectual de Luis Donaldo Colosio que tapiza el país con placas con el símbolo de Solidaridad
¿Supone que se nos borre de la mente sus discursos conmovedores donde prometía que sacar a los que menos tienen de la vulgar pobreza e hizo todo lo contrario: sumirlos más en la precariedad
Ningún mexicano bien nacido puede permitirle a Salinas que venga a dictar clases de moral. En su libro resea los abusos cometidos desde el poder bajo la alternativa que presenta el gobierno chilango entre el 2000 y el 2006. Quizá es una muy débil respuesta, sin eco obviamente, a lo que se ha dicho por años en el Zócalo cuando toma la palabra El Peje.
En el epílogo del más reciente engaño, perdón libro de Salinas de Gortari, concluye que “los fundamentalistas del mercado y el populismo estatista llevaron a debilitar la democracia y coincidieron en recurrir al Estado para sus abusos. Se pone de manifiesto el ocultamiento del retroceso institucional, econmico, social, judicial y educativo, as como la fabricación de chivos expiatorios que, para distraer y confundir a la opinión pública, fueron planeados por estas dos alternativas”.
No tiene madre Don Carlos. ¿Cómo puede hablar de democracia, cómo se atreve a criticar a los que ocultaron el retroceso institucional
¡Qu caradura del expresidente que critica la obra de sus sucesores en materia educativa, judicial, económica y social!
En fin, podemos concluir sin tener esa cochinada en las manos: el más reciente y vulgar engaño de Carlos Salinas, su nuevo libro, La decada Perdida.






Felicidades por el artículo, me parece muy interesante para discutirlo con mis alumnos.
Además, Salinas es lo más despreciable de nuestro dolido México.
Rafael Fajardo
Mayo 5, 2008 a 10:52 am